Los desafíos del tambo en verano: cómo anticiparse al estrés térmico de las vacas lecheras
Investigaciones del INTA Rafaela demuestran que el uso de sensores de precisión permite detectar de manera temprana el impacto del calor en los rodeos y actuar antes de que caiga la producción de leche.
Las tecnologías de precisión, cada vez más difundidas en los tambos argentinos para la detección de celos y enfermedades, suman ahora una función estratégica: anticiparse al estrés térmico en vacas lecheras.
Así lo demuestran estudios realizados por el INTA Rafaela, en conjunto con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral, que evidencian el valor del monitoreo continuo de indicadores fisiológicos y conductuales para tomar decisiones de manejo a tiempo.
A través de sensores que registran variables como rumia, consumo de alimento, actividad y posición corporal, los investigadores lograron identificar señales tempranas de estrés por calor, incluso antes de que los síntomas sean visibles a simple vista.
Esta información resulta clave para reducir la carga calórica sobre los animales y sostener los niveles de producción lechera durante los períodos críticos.
LA RUMIA, UNA SEÑAL DE ALERTA TEMPRANA
“Cuando el índice de temperatura y humedad supera el valor de 68, e incluso antes en vacas de alta producción, el tiempo de rumia cae de forma significativa”, explicó Pablo Viretto, investigador del INTA Rafaela y uno de los responsables del trabajo.
Según detalló, la rumia está estrechamente vinculada al consumo de alimento y al correcto funcionamiento del rumen, por lo que su disminución es una advertencia temprana de que el animal está bajo estrés térmico.
El estudio se llevó adelante sobre vacas Holstein en el tambo robotizado de la Estación Experimental INTA Rafaela, con seguimiento permanente del tiempo de rumia, la tasa de respiración, el comportamiento animal y las condiciones ambientales.
Los resultados fueron contundentes: a medida que el calor se intensifica, disminuye el consumo, aumenta la frecuencia respiratoria y se alteran los patrones normales de actividad.
CAMBIOS DE COMPORTAMIENTO Y MAYOR RIESGO PRODUCTIVO
El impacto del estrés térmico no se limita a las vacas en ordeñe. “En vacas secas y preparto, el estrés se agudiza a medida que avanza la gestación, por lo que es indispensable implementar estrategias de mitigación en todos los rodeos del tambo”, advirtió Viretto.
En la misma línea, Georgina Frossasco, investigadora del INTA Rafaela, señaló que durante los períodos críticos “las vacas pasan más tiempo paradas, descansan menos y modifican sus hábitos de alimentación”.
Si bien estos cambios pueden observarse a campo, el uso de tecnologías de precisión permite detectarlos de manera automatizada y actuar antes de que el efecto negativo se profundice.
Desde el INTA recomendaron prestar especial atención a señales como menor acercamiento al comedero, reducción del consumo, aumento del tiempo de pie, respiración acelerada y caída en la rumia. “Es importante intervenir antes de ver a las vacas agitadas o jadeando”, resumió Frossasco.
MANEJO ANTICIPADO PARA ATRAVESAR EL VERANO
Con la llegada de las altas temperaturas, la planificación del manejo diario se vuelve determinante. Una de las principales recomendaciones es garantizar acceso permanente a agua limpia y fresca.
“Proporcionar agua a voluntad es una de las pautas centrales para evitar el estrés térmico”, subrayó Viretto. En el caso de vacas de alta producción, el consumo diario puede superar los 100 litros, por lo que cualquier restricción impacta de forma directa en el rendimiento.
Ola de calor: pautas para prevenir estrés térmico en bovinos de leche y carne
La alimentación también cumple un rol clave. En sistemas con ración totalmente mezclada (TMR), los especialistas aconsejan concentrar el suministro en los momentos más frescos del día.
“Lo ideal es ofrecer la TMR temprano por la mañana y al anochecer, para evitar que el calor generado por la digestión coincida con las máximas temperaturas”, explicó el investigador.
A esto se suma la necesidad de utilizar forrajes de buena calidad y alta digestibilidad, junto con medidas de confort como sombra suficiente, ventilación adecuada y, cuando es posible, sistemas de refrescado.
“Son prácticas conocidas, pero su efectividad depende de aplicarlas de manera anticipada, cuando los indicadores empiezan a mostrar cambios”, concluyó Frossasco.
Para profundizar en estas y otras recomendaciones, el INTA Rafaela pone a disposición el Club de Buenas Prácticas Tamberas y el pronóstico semanal del Índice de Temperatura y Humedad, una herramienta más para que la tecnología ayude a enfriar el impacto del calor en el tambo.
Seguir leyendo










