“El vino sin alcohol es una alternativa, pero es difícil que prenda: es como bailar con la hermana”
Para el ministro de Producción de Mendoza, el camino de la desalcoholización de vinos encuentra una complicación en la gran atomización que tiene el sector. Lo comparó con la cerveza, donde "son cinco empresas", contra las 700 bodegas que hay solo en esa provincia.
Más allá de la congruencia con el rumbo macroeconómico del país y hasta valoraciones como “los datos duros son buenos”, desde el gobierno de Mendoza plantearon algunas diferencias en materia crediticia para el sector vitivinícola en relación a las políticas de la Casa Rosada.
En ese marco, el ministro de Producción de la provincia, Rodolfo Vargas Arizu, quien también destacó la posibilidad de algunos productores de reconvertir hectáreas agrícolas y transformarlas en ganaderas, comparó el poder de acción de la cadena vitivinícola en contraste de la cervecera.
Vargas Arizu, proveniente de la actividad privada ligada a la producción de uvas y vino, analizó por ejemplo los cambios que se buscan generar con la desalcoholización, un camino que la cerveza ya viene atravesando con éxito.
“La cerveza tiene un poder de reacción más grande“, evaluó en una entrevista con Infocampo. Su visión es que es difícil aunar las pautas para desalcoholizar vinos en un mercado tan atomizado como ese, en comparación con las cervezas que son manejadas solo por cuatro o cinco grandes holdings.
EL VINO Y LA FALTA DE CRÉDITOS
-¿Cuál es la foto actual de esta vitivinicultura 2026?
-Mira, la foto actual es como más una película que una foto, pero el gran inconveniente en este momento es el crédito. A alguien puede irle bien o mal sin crédito, pero no se puede desarrollar y un país no se puede desarrollar sin crédito. Fruto de problemas políticos, netamente políticos. En las elecciones anteriores, en octubre, en julio la tasa levantó a 90% con un tipo de cambio estable. El tipo de cambio estaba exactamente igual y eso ha afectado a todas las empresas, a todos los productores, a toda la ciudadanía. Entonces hoy el problema no es un tanto un problema de precio, sino que es un problema de crédito.
-¿Qué medidas decidieron tomar desde Mendoza?
-La Provincia se ha basado en eso para conseguir crédito. Hay créditos para cosecha, acarreo y elaboración para productores menores de 20 hectáreas, que tiene una tasa del 50% del Banco Nación, que lo da el Fondo de Transformación y Crecimiento que ya tiene una operatoria habitual, que eso más o menos te queda una tasa del 20%. Para quienes tienen más, el Banco Nación, que es agente financiero de la Provincia, ha hecho un gran esfuerzo y solo para Mendoza, una tasa del 24% al 26% de acuerdo a cómo se pague para cosecha, elaboración y acarreo sin límite de hectáreas. Puede ser para los grandes, los chicos, el que el que venga. Entonces, eso es lo que nosotros hemos hecho para que toda la uva se coseche y entre en bodega.
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-¿Alcanzaron esas medidas?
-Hay una sensación o se ha creado una sensación de que ‘todo está mal’. De que la política entra en la economía y que todo está mal, que esto es un desastre y la realidad es que los datos económicos duros son buenos. Hay tipo de cambio estable, hay crecimiento de la economía. No crece parejo, pero porque del Estado presente a la libertad de mercado hay que adecuarse, y hay que ser eficiente. Entonces tenemos ineficiencia propia entre los gobiernos, la hay entre los empresarios, los políticos. Todos tienen ineficiencia. Entonces eso hay que regularlo, y en ese camino estamos.
-¿Cuál es la incidencia de todo eso en la vitivinicultura?
-No es ajena e independientemente de cualquier cosa la actividad tiene una baja de consumo por preferencias, por moda, por estilo de vida sano, etcétera, y eso ha bajado los alcoholes, ni siquiera es por el vino en sí. Los alcoholes. La vitivinicultura no está sufriendo tanto de ese sentido: la cerveza cayó el 17%, nosotros en la vitivinicultura el 2,7%.
EL CAMINO DE LA DESALCOHOLIZACIÓN
-Pero también es cierto que la cerveza ya se consigue en góndola rápidamente un producto sin alcohol. El vino todavía está en ese debate, si bien ya está legalizado. Pero aún no hay un producto masivo en el mercado. La cerveza dio un paso adelante que el vino no. ¿Lo ven de esa manera?
-Claro, es que la cerveza tiene un poder de reacción más grande.
-¿Por qué?
-Porque hay cinco cerveceras importantes en el mundo y acá en Mendoza, solamente en esta provincia, hay 700 bodegas. O sea que cada uno tiene su estilo, su forma. El vino sin alcohol es una alternativa, pero es difícil que eso prenda mucho. Yo siempre lo asemejo como bailar con la hermana el tomar un vino sin alcohol, porque no es una bebida que se tome en cantidad, sino que vos te sentás y es una bebida que es parte de la ‘slow food’, de la comida lenta y relajarse.
-¿Cómo es la comparativa con la cerveza en el consumo?
-A la cerveza la podés tomar en una cancha de fútbol. Nunca has visto alguien en una cancha de fútbol tomando un vino. Hay un momento de relajación parecido a los puros, por ejemplo, donde vos te predisponés a saborear a todo eso. Eso también es más difícil. Hay una competencia tremenda en la cerveza porque son cinco o seis operadores, pero en vitivinicultura hay 8000 o 9000 marcas.
-Muy atomizado.
-Muy atomizado. Y es difícil que tenga una reacción. Va a tener una reacción, pero por partes.
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