Del ordenamiento territorial a las plagas y el valor agregado: el maíz edifica su plan para no tener techo
El Congreso Internacional de Maíz realizado en Córdoba dejó varios ejes de análisis relevantes. Un repaso por algunas de los principales temas que se analizaron para que el cereal logre seguir batiendo récords.
En los últimos días, la cosecha de maíz 2025/26 finalmente terminó y lo hizo con una producción récord que, según diversas fuentes, rondó entre 64 y 72 millones de toneladas.
A la par, la siembra 2026/27 avanza de manera firme donde el clima lo permite, con un horizonte productivo en el que volvería a batirse el techo productivo, debido a un área que caería menos de lo inicialmente previsto y el acompañamiento que se espera de las lluvias en un año con el fenómeno El Niño.
Estos temas fueron algunos de los que se mencionaron durante el Congreso Internacional de Maíz (CIM) que se desarrolló en Córdoba, donde el foco estuvo puesto en los diferentes temas a los que debe apuntar de lleno la cadena del cereal para continuar batiendo récords productivos y de exportaciones.
UN PLAN DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL PARA EL MAÍZ
Durante su participación en uno de los paneles que se organizaron durante el CIM, el presidente de la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), Federico Zerboni, sorprendió al mencionar un tema que no suele tener tanta “prensa” a la hora de hablar de los desafíos pendientes de este cultivo.
Puntualmente, pidió un plan de ordenamiento territorial para el maíz, que permita establecer qué áreas del país pueden sumarse a la producción agrícola, teniendo en cuenta la gran versatilidad climática y geográfica de este cereal, que en Argentina se implanta desde Formosa hasta Río Negro, y desde el Litoral hasta Cuyo y el NOA.
Para Zerboni, el problema pasa precisamente porque “no hay un orden” sobre qué áreas pueden sumarse y bajo qué reglas productivas, fundamentalmente en lo que refiere por ejemplo al manejo de zonas de monte o bosques.
“Tenemos que delimitar bien las áreas de producción. Hoy hay por ejemplo muchas zonas de renovales que no se pueden trabajar porque están limitadas y alambre de por medio hay campos con una productividad muy buena”, graficó.
Todo el norte del país se anota en esta lista. En ese punto, Zerboni mencionó como parámetro el caso de Mato Groso en Brasil, que en 20 años pasó de tener el PBI más pobre de Brasil al más alto, gracias a lo que se desarrolló la producción de soja y maíz.
“Hoy producen más que toda la Argentina y tienen 32 millones de cabezas de ganado, gracias a contar con seguridad jurídica y reglas claras”, resaltó.
Y recordó que esto derivó en un gran derrame urbano y social: ciudades que tenían apenas miles de habitantes hoy tienen cientos de miles y eso aún protegiendo un 61% del territorio como virgen.
“En todo el norte argentino se pueden abrir áreas verdes que se pueden trabajar. En esta provincia (por Córdoba) también”, continuó.
El titular de Maizar considera que es un aspecto clave para que se pueda hacer realidad el plan “10 x 10”: 10 millones de hectáreas sembradas con un rendimiento de 10 toneladas por hectárea, lo que implicaría llegar a 100 millones de toneladas de cosecha.
“Ya estamos en 70, no es descabellado. Y se puede hacer tanto con mayor exportación como valor agregado”, completó.
EL MAÍZ, CONTRA SU PRINCIPAL AMENAZA: LA CHICHARRITA
Para que el maíz crezca hacia el norte del país, de todos modos, hay un factor clave que atacar: cómo enfrentar a una de sus mayores amenazas, la chicharrita del maíz, que en esa región es endémica.
El insecto vector del complejo de enfermedades denominado spiroplasma, letal para el cultivo, fue uno de los temas que más generó atención en el Congreso Internacional de Maíz, debido a los últimos informes que reportaron un aumento de la presencia de la plaga, aunque no a niveles alarmantes.
En este contexto, la sala Bayer del Centro de Convenciones de Córdoba albergó una interesante charla, denominada “Insectos en maíz”, moderada por el secretario de Agricultura y Recursos Naturales del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba, Marcos Blanda, y con la participación de Roberto Peralta y Augusto Casmuz, dos de los mayores expertos a nivel nacional en monitoreo y manejo de plagas.
“Este panel lo pensamos porque las plagas están, las tenemos en el radar, hay nuevas y necesitamos aprender”, empezó Blanda.
Peralta, en tanto, de entrada, llamó a la calma, y recordó que es una plaga de la que se todavía se está aprendiendo: “El desafío que tenemos es contar con la información y cómo la procesamos. Ante un problema, hay una solución. Siempre funcionamos así. Pero con la chicharrita es distinto, porque la solución lleva tiempo y se complica más. Fuimos a Brasil a entender cómo manejarla”.
Enseguida, Casmuz reveló su experiencia en Tucumán, donde la problemática apareció antes: “En el Norte nos costó igual que en la zona centro. La chicharrita es una plaga que nos obligó a hacer una integración para tratar de manejarla, un proceso que todavía sigue. Por esta problemática, hubo instituciones que se unieron para solucionar la problemática a nivel nacional, lo que suma mucho al conocimiento”.
Sin embargo, al igual que Peralta, de inmediato puso paños fríos: “Siempre que hubo algún tipo de problema en los cultivos, trabajamos y los sorteamos. Estamos en el camino correcto para, en el mediano plazo, superar esto también. Se está generando conocimiento sobre el manejo y el monitoreo, además de la generación de genética ante esta problemática. No digo que el achaparramiento vaya a desaparecer, pero vamos a convivir mejor”.
Por ello, ambos profesionales coincidieron en que, al comparar lo que ocurrió cuando apareció la chicharrita con lo que pasa en la actualidad, el balance es relativamente positivo porque hay mejores manejos.
Al respecto, uno de los factores que incide en el retraso de impacto de las soluciones implementadas fue puesto sobre la mesa por Blanda y profundizado por Peralta: “El 70% de agricultura en Córdoba es en campos de terceros, sin saber si hay renovación o no. Esto genera grandes problemas y el manejo de plagas es más complejo por los costos. Además, la fitopatología tiene que integrarse con mayor énfasis”.
“Cada actor de la cadena tiene la misma responsabilidad a la hora de enfrentar plagas, sobre todo cuando hay problemáticas nuevas. Después vemos qué accionar debe instrumentar cada uno, pero responsabilidad tenemos todos”, agregó.
LAS ENFERMEDADES TAMBIÉN ALERTAN AL MAÍZ
En una línea similar, el CIM incluyó otro panel técnico llamado “Enfermedades: de las emergentes a las conocidas”.
Roberto De Rossi, reconocido fitopatólogo cordobés, fue el moderador e hizo foco en la necesidad de hablar de todos los riesgos sanitarios que enfrenta el cereal y no solo el complejo de achaparramiento que transmite la chicharrita.
“Venimos con mucho bombardeo de lo que fue el achaparramiento, pero es momento de pensar qué otras cosas pasan en el cultivo. Siempre que hablamos de fitopatología intentamos unir cada aspecto para entender qué es lo que pasa: enfermedades, clima y genética. En Brasil esto se da hace mucho tiempo. Y hablamos del vínculo Argentina-Brasil porque tomamos a ese país como ejemplo para ver qué hacer con el achaparramiento”, indicó.
La primera en experta en intervenir al respecto fue Cristina Plazas, bióloga, quien se refirió a las bacterias que afectan al cultivo.
“Encontramos muchas bacterias. En 2012, 2014 y 2018 aparecieron algunas que nos traen varios problemas. Lo que más nos preocupa hoy por hoy es la mancha blanca. Está en boga en este momento, mientras que las demás ocupan un lugar secundario o terciario”, describió.
De todos modos, hizo una importante aclaración: “Las bacterias no tienen manera de penetrar en la planta, como hace un hongo. Estas bacteriosis necesitan heridas y que, entre 7 o 10 días después de una tormenta, haya vientos de alta velocidad”.
Respecto de las enfermedades emergentes, citó que “Curvularia apareció muy distribuida en el norte y no la vimos a tiempo. No es de gran importancia, pero tenemos que ver cómo sigue los próximos años y ocuparnos”.
Por su parte, otro especialista en enfermedades, Fernando Guerra, expuso: “En los últimos cinco años, nos encontramos con cinco bacterias que son clásicas, pero que nos permiten seguir trabajando. Eso tiene que ver con cómo el maíz fue evolucionando”.
“La genética nos permite atravesar desafíos. No hablar de genética es no hablar de producción de maíz. Y siempre hay un nuevo desafío que parece limitante: hasta hace unos años era el clima, pero ahora encontramos el complejo del achaparramiento y enfermedades muy particulares, con características de organismos biotróficos”, añadió.
Sobre este tema, los expertos también subrayaron que Brasil es una suerte de “espejo” para adelantarse a lo que puede suceder en nuestro país.
Marcelo Madalosso, ingeniero agrónomo y fitopatólogo oriundo de ese país, profundizó precisamente en la importante referencia que es Brasil con relación a la producción de maíz y cómo Argentina puede tomar ese ejemplo para mejorar sus números.
“Cuando analizamos la fitopatología, no podemos dejar de mirar la fisiología. La planta tiene que explorar su metabolismo primario, necesitamos unas defensas altas. Hay que encontrar el balance”, empezó.
Enseguida, agregó: “En Brasil, evolucionó el número de aplicaciones de fungicidas en el maíz; en 2010, era 0,3 y en 2026 es 2,7. Argentina hoy está en los niveles que nosotros teníamos hace 15 años, pero sin dudas va a llegar a donde estamos nosotros hoy. En 2018, el 30% de las enfermedades foliares estaba vinculado al achaparramiento. Hoy, esa problemática es sólo del 8%, mientras que el 55% se lo lleva bipolaris”.
En su relato, Madalosso resaltó además que Argentina está con problemas que Brasil tenía hace 10 campañas: las enfermedades aéreas.
“Bipolaris maydis empezó un crecimiento muy grande por las altas lluvias, que es la manera más fácil de que se transmita y migre de una planta a otra. Cuanto antes empiece la temporada de lluvia, antes tenemos que comenzar con los fungicidas”, sentenció el especialista.
Finalmente, contó de qué modo realizar un test rápido para identificar a la bacteria. “Primero, hacer un corte en la parte amarilla, porque la bacteria entra, no queda en la superficie. Luego, colocar las hojas sobre agua, para ver si la bacteria migra. Vamos a ver si se desprende la bacteria o no. Así detectamos de manera fácil y rápida si es bacteria u hongo y ver cómo actuar”, explicó.
¿CÓMO AGREGARLE MÁS VALOR AL MAÍZ?
En este contexto, un aspecto importante es que el maíz crezca, pero no solo enfocado en el negocio exportador del grano sin procesa, sino también logando una mayor industrialización y transformación.
Al respecto, otra de las conferencias que se dieron en el CIM estuvo titulada “El valor del eslabón maíz en las diferentes cadenas”.
Moderada por el ex secretario de Agricultura de Córdoba y ex presidente del INTA, Juan Cruz Molina; incluyó los testimonios de Mario Aguilar Benítez, representante del establecimiento modelo en economía circular Las Chilcas; Daniel Urcía, vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA); y Matías Mensa, ingeniero agrónomo representante de Arcor.
Con foco en la labor de Estancia Las Chilcas, Aguilar Benítez detalló: “El maíz nos da de comer, nos permite rotación y sustentabilidad. Lo transformamos en energía renovable, carne bovina y carne porcina. Nuestra destilería deriva tres productos: bioetanol (combustible renovable), burlanda (la proteína de oro) y vinaza”.
El ingeniero industrial detalló el proceso de la economía circular que ejercen sobre el maíz, que incluye la transformación de residuos a través de un reactor anaeróbico operado a 39°C: “El maíz ingresa en la destilería y produce biocombustible (como subproducto, alimento). Lo que sobra, pasa por el biodigestor como sustrato y producimos biogás y biol”.
Finalmente, destacó: “Integramos agricultura, ganadería y energía renovable para ser más sustentables y generar valor sostenible. No vemos posible mirar los negocios por separado”.
Por su parte, Mensa hizo hincapié en el hecho de que Argentina está cerca de transformarse en el segundo exportador mundial de maíz, quitándole ese sitial a Brasil.
Pero sobre ello, advirtió: “Quiero destacar esta noticia de hace unos días porque es un orgullo ver esa evolución. Pero, ¿qué hace Brasil? El país vecino marca diferencia en la industrialización. Hay que seguir creyendo en la producción, pero también es necesario ampliar la transformación del maíz desde el agregado de valor para exportar más productos que materia prima”.
En ese punto, repasó que “analizando el porcentaje de maíz industrializado por campaña, Estados Unidos exporta el 60%; Brasil el 40%; y nosotros, solamente, el 8%”.
“Nosotros agregamos valor a través de insumos, que representan la entrada a otros segmentos, como caramelos, mermeladas,salsas, cerveza, talco, papel higiénico y muchos productos más, como fuente de energía para feedlot y tambos”, ejemplificó, con relación a Arcor.
Por último, Urcía puso el foco en la proteína animal. “La cadena del maíz puede generar 60 mil millones de dólares y miles de puestos de trabajo, pero para eso tenemos que industrializar más. El año pasado, Argentina produjo 63 millones de toneladas y en 2026 lleva enviados 70 millones, la mayoría como grano”, evaluó.
Las oportunidades, en este marco, están: “El comercio mundial de carnes se duplicó en 20 años y se diversificó. La cadena porcina en argentina cuadruplicó su faena, un crecimiento notable y que aún tiene proyección”, remarcó.
A ello, añadió: “Ahora bien, Brasil aparece como un gran exportador, al igual que Estados Unidos. Los dos países son competitivos en la exportación de los tres tipos de carne. Argentina es fuerte en bovino, tiene buena participación en aves y tiene mucho por trabajar en cerdos. Sin embargo, Brasil y Estados Unidos tienen una capacidad limitada de crecimiento, pero nosotros podemos duplicar nuestro stock”.
EL MAÍZ Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Por último, todas estas transformaciones productivas son inviables sin la incorporación de tecnología. Por ello, otro panel relevante se tituló “Inteligencia artificial: ¿Va a revolucionar al final o no?”.
Matías Cardascia, ingeniero agrónomo, representante de Syngenta, fue el moderador, pero también brindó un profundo desarrollo: “Hay un importante planteo que nos hacemos: ¿Cómo reducir las brechas de rendimiento en el cultivo de maíz? Argentina estuvo cerca de una producción de 70 millones de toneladas, récord, pero a un 65-70% del rendimiento alcanzable. La brecha de decisión y la de ejecución son las dos que no nos permiten llegar al máximo potencial de producción”.
Allí, hilvanó ese análisis con la inteligencia artificial a partir de la agilización de procesos. “La IA nos puede ayudar a integrar todo lo que sabemos, pero que no usamos, además de darnos información extra que desconocemos”, señaló.
Por otro lado, agregó: “Para usar correctamente la IA no hay que empezar por la IA, sino por nuestra experiencia. Sería ideal integrar equipos que tengan experiencia y habilidades vinculadas al uso de la herramienta”.
Asimismo, Cardascia explicó qué contemplar para que la IA mejore las decisiones de cada productor. “Cómo la IA mejora las decisiones de cada productor: índice productivo del lote, fecha de siembra óptima, densidad óptima, nutrición con eficiencia, calidad de siembra y manejo con ambientes”, sentenció.
En tanto, Pedro Meriggiola, experto de la Bolsa de Cereales de Córdoba, propuso la gran pregunta que se hace todo productor: “¿Cómo generar valor en la producción agropecuaria a través de la inteligencia artificial?”.
Y explicó: “Hay que empezar por el enfoque de procesos. Tenemos que saber qué queremos mejorar. Con un enfoque de procesos se puede aumentar ingresos y reducir costos. En función de las necesidades de los empresarios, elegimos cinco ejes: profesionalización, automatización, datos y reportes, cambio cultural, y privacidad”.
Según el ingeniero, el abordaje es claro y se puede usar la IA para cada etapa: “Proceso, digitalización de datos físicos, normalización y automatización”.
Acto seguido, Diego Álvarez brindó su análisis desde la experiencia en primera persona. El ingeniero agrónomo instrumenta la IA con 10 agentes que colaboran en su día a día y le alivianan la tarea.
“Con tanta carga laboral, empecé por automatizar la que menos me gustaba: cargar facturas. Tenía todos los datos guardados y armé un sistema con puntos de información y agentes que brindan lo necesario. Un chat responde. Una memoria aprende”, indicó.
“Tengo un equipo de agentes. El orquestador es Hermes, y tenemos agentes en agricultura, clima, comercial, compras, administración, orden y sistema, seguridad, comunidad y revisión”, adicionó.
Por último, fue el ingeniero Diego Sánchez Granel quién expuso su mirada. “Coincido en varios puntos con los anteriores expositores. Los pasos para implementar la IA están apalancados en datos, personas, bots, conexión, agentes y rediseño. La clave del éxito es combinar la agronomía de siempre con los datos que brinda la tecnología”, concluyó.
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