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El retorno del girasol: el desafío de actualizar la información tras 20 años de un cultivo “olvidado”

Fuente: Infocampo 05/10/2026 21:31:41 hs

El girasol vuelve a pintar el paisaje en zonas donde había sido relegado por la soja y el maíz. Francisco Pérez Brea, de Marketing de NK Semillas, explicó qué cambió en el manejo y por qué los nuevos híbridos y la tecnología vuelven a ponerlo en carrera.

El girasol está recuperando protagonismo en todo el país, y Córdoba es uno de los territorio que sirve como botón de muestra.

Después de haber quedado relegado durante más de dos décadas por la expansión de la soja y el maíz, el cultivo vuelve a aparecer en los planteos productivos de los agricultores, impulsado principalmente por una ecuación económica que, en determinados ambientes, puede resultar más atractiva.

El fenómeno quedó reflejado durante el Congreso Internacional de Maíz (CIM), realizado en Córdoba Capital, donde la oleaginosa fue una “invitada” que concentró la atención.

Sin embargo, su regreso plantea un desafío particular: buena parte de los productores que hoy evalúan incorporarlo nuevamente no tienen experiencia reciente con su manejo.

LAS NUEVAS CLAVES DEL GIRASOL

“Los productores que lo quieren volver a sembrar ven que no tenían la información; por ahí sus padres la tenían, pero como hacía más de 20 años que no lo sembraban, los híbridos y las prácticas de manejo cambiaron tanto que no sabían cómo incluirlo hoy en sus lotes”, explicó Francisco “Paco” Pérez Brea, referente de NK Semillas.

El escenario agronómico actual es muy diferente al de aquella época. La siembra directa reemplazó a buena parte de los esquemas de labranza convencional, mientras que la genética, las herramientas de control de malezas y el conocimiento sobre el comportamiento del cultivo también evolucionaron.

“En esa época no existían ni los híbridos CL de girasol, eran híbridos convencionales. Hoy hay tecnología Clearfield, por lo que hay que evaluar cómo entra la aplicación de imidazolinonas dentro de la rotación”, señaló Pérez Brea en diálogo con Infocampo.

Por eso, la incorporación del girasol a los planteos actuales no consiste simplemente en recuperar una receta del pasado. La elección del híbrido, la fecha de siembra, la densidad y la estrategia de fertilización deben analizarse en función de cada ambiente y de la rotación.

En este sentido, el trabajo con grupos zonales y redes de productores permitió actualizar buena parte de la información disponible sobre el cultivo en las distintas regiones productivas de Córdoba.

Frente al maíz, además, el girasol presenta una dinámica de manejo que puede resultar relativamente sencilla. Si bien existen insectos que pueden afectar al cultivo, como distintas especies de orugas, el mejoramiento genético permitió avanzar considerablemente en sanidad y comportamiento agronómico.

Para Pérez Brea, una de las claves está en “elegir el híbrido que corresponde y la fecha de siembra adecuada”, especialmente en ambientes donde el cultivo puede alcanzar un importante desarrollo vegetativo por la disponibilidad de agua.

También adquieren relevancia características como la tolerancia al vuelco y la adaptación del material al ambiente. En otras palabras, el potencial del cultivo no depende solamente de su rendimiento máximo, sino de la capacidad de sostenerlo bajo las condiciones particulares de cada lote.

A esto se suma una herramienta que hace dos décadas prácticamente no estaba disponible: la posibilidad de trabajar con grandes volúmenes de información agronómica y tomar decisiones cada vez más específicas para cada ambiente.

GIRASOL: NÚMEROS QUE JUEGAN A FAVOR

El aspecto económico es uno de los principales motores detrás del regreso del girasol. Un análisis realizado por NK Semillas encontró que, en aquellos lotes donde la soja presenta rendimientos inferiores a 32 quintales por hectárea, el girasol puede resultar más competitivo desde el punto de vista de la rentabilidad.

El dato adquiere relevancia porque no se trata solamente de comparar el rendimiento potencial de ambos cultivos, sino de determinar cuál de ellos permite aprovechar mejor cada ambiente.

Así, el girasol vuelve a aparecer como una alternativa para diversificar los planteos agrícolas y mejorar la estabilidad económica de los sistemas, especialmente en aquellos lotes donde la soja pierde competitividad.

 

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Pero el desafío para la cadena no termina allí. La genética deberá continuar acompañando ese proceso para que el cultivo pueda sostener su competitividad frente a alternativas que también avanzan rápidamente en rendimiento y adaptación.

“El gran desafío que tenemos ahora es mantener toda la ganancia que tuvimos en sanidad y manejo de enfermedades, y a su vez seguir aportándole rendimiento para darle competitividad contra un cultivo de maíz que tiene un mejoramiento genético sistemático”, planteó Pérez Brea.

Así, el regreso del girasol a Córdoba muestra, en definitiva, que recuperar un cultivo no significa necesariamente volver a producirlo de la misma manera que hace 20 años.

La genética cambió, apareció la tecnología Clearfield, se consolidó la siembra directa y hoy existe una capacidad de análisis de datos que permite ajustar las decisiones a cada ambiente. Todo ese paquete tecnológico modifica las reglas de juego para un cultivo que los productores conocen, pero que ahora deben aprender a manejar nuevamente.

En ese contexto, el girasol vuelve a ganar espacio no solo como una alternativa frente a la soja, sino también como una herramienta para diversificar la rotación y aprovechar ambientes donde su ecuación productiva puede resultar favorable.

El desafío será transformar ese renovado interés en un crecimiento sostenido del cultivo, apoyado en mejores híbridos, información agronómica y decisiones de manejo cada vez más precisas.

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