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De nuevo Atilra está frente al mismo dilema: ARSA le pidió poder suspender parte del personal, pero el gremio se negó y la empresa quedaría al borde de un cierre

Fuente: Bichos de Campo 29/05/2024 12:58:48 hs

Como en los últimos conflictos que lo tuvieron como protagonista, en los casos de SanCor o Lácteos Vidal, donde su accionar gremial puso al límite la supervivencia de las empresas donde trabajan las personal que debe defender, el sindicato de la industria láctea Atilra vuelve a enfrentarse ahora con un dilema parecido. ARSA, una industria

Como en los últimos conflictos que lo tuvieron como protagonista, en los casos de SanCor o Lácteos Vidal, donde su accionar gremial puso al límite la supervivencia de las empresas donde trabajan las personal que debe defender, el sindicato de la industria láctea Atilra vuelve a enfrentarse ahora con un dilema parecido. ARSA, una industria láctea que está en convocatoria de acreedores desde hace unos meses, le pidió la suspensión preventiva de parte del personal para poder seguir en carrera y evitar la quiebra. El gremio, en un principio, desestimó esta posibilidad.

La crítica situación fue relatada por un comunicado de la propia empresa, tras una reunión realizada el martes con los máximos dirigentes nacionales de Atilra, a los que se pidió que acompañen el pedido a las autoridades laborales de u “procedimiento preventivo de crisis”, que le permitiría suspender con un salario mínimo a entre 30 y 40% de la plantilla de 500 empleados repartidos entre las dos plantas de ARSA en Córdoba Capital y Arenaza.

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“Esta reunión que se llevó a cabo por pedido de la propia empresa, y tenía como fin presentar en detalle la crítica situación que la compañía se encuentra atravesando, en la búsqueda de alcanzar consensos para poder avanzar en alternativas que permitan, a partir de una reestructuración y reingeniería de los procesos productivos, garantizar la continuidad de las operaciones”, explicó ARSA en un comunicado.

Este intento de conciliar una salida con el sindicato al parecer terminó mal: “Lamentablemente en dicha reunión los directivos de Atilra han manifestado un terminante rechazo al planteo presentado por la empresa, amenazando con la implementación de medidas cuyo resultado sin duda, no logrará otra consecuencia que agravar la ya crítica situación de la compañía y de los propios trabajadores a los que representan”, afirmó ARSA.

La empresa es un desprendimiento de la vieja SanCor que fue comprada en su momento de esplendor por los socios de la familia Vicentin por cerca de 100 millones de dólares. Eran la joya de la abuela de la vieja cooperativa láctea, pues ambas plantas están equipadas para la elaboración de yogures, flanes y postrecitos, que son los productos lácteos que mayores márgenes de ganancia ofrecen. Pero eso, solo si se venden. Y en los últimos tiempos sucede que -debido a la crisis económica- las ventas de esos derivados han caído estrepitosamente, entre un 20 y un 50% en el primer cuatrimestre de 2024 respecto de igual periodo del año anterior.

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Este contexto, claramente, no ayuda a la recomposición de los negocios de ARSA, que cambió de dueños hace poco tiempo y ahora es gerenciado por el mismo grupo venezolano que maneja La Suipachense, llamado Maralac. Fue esa gestión la que comenzó en los últimos meses a desdoblar el pago de salarios, pero sin grandes atrasos todavía. Y la que pidió su concurso preventivo a la justicia comercial en diciembre pasado. El expediente comenzó a tramitarse en marzo pasado.

“En la reunión la empresa fue con la ilusión de ponerse de acuerdo con el gremio, para poder solicitar el respectivo procedimiento preventivo de crisis. Pedía suspender entre 30y 40% de la nómina de empleados por una cantidad de meses, con sueldo reducido, siempre con la idea de volver a reincorporarlos en cuento se pudiera, siempre con la idea de mantener operativa las plantas”, contó una fuente cercana a la firma láctea.

Con el rechazo de Atilra, que ya ha realizado medidas de fuerza contra esa firma, pero de pocos días de duración, ahora no se sabe a ciencia cierta qué podría suceder. O bien el sindicato puede declarar medidas de fuerza o bien la empresa puede comenzar a incumplir con más pagos, ante lo cual el juez del concurso podría decidir apurar un trámite de quiebra.

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“Están al borde de quebrar si el sindicato pone trabas. El contexto es preocupante, ya cambiaron muchas cuestiones de logística y reposición, están tratando de achicar los gastos de todos lados”, indicó la fuente.

Más diplomática, ARSA expresó en su comunicado que “reiteramos nuestra mayor predisposición al diálogo y confiamos en que los representantes de los trabajadores, recapaciten y que prime el sentido común y el espíritu colaborativo, para sortear de manera exitosa esta difícil situación”.

Como sea, la solución viable también luce ingrata, pues la propia empresa explicó que “planteamos la ineludible necesidad de prever un determinado porcentaje de suspensiones laborales por un margen de tiempo. Esta medida le permitiría a la compañía adecuar la plantilla activa de empleados, a los niveles actuales de producción, necesarios para responder al nivel de comercialización y ventas que tienen nuestros productos en el contexto actual”.

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