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Duraznos: el INTA San Pedro logra un hito con sus primeras variedades que llegan al mercado

Fuente: Infocampo 07/02/2026 05:14:50 hs

Tehuelche, Chamamé y Rosalinda son las primeras variedades desarrolladas en San Pedro que logran dar el salto comercial, tras años de evaluación y la decisión clave de productores que se animaron a implantarlas.

Después de más de una década de trabajo técnico, ensayos a campo y decisiones productivas de alto riesgo, tres nuevas variedades de durazno desarrolladas por el INTA San Pedro comienzan a verse en el mercado.

Tehuelche INTA, Chamamé INTA y Rosalinda INTA representan el punto de llegada de un largo proceso de mejoramiento genético que ahora empieza a traducirse en fruta disponible para el consumidor.

La historia de estos cultivares no empieza en la góndola, sino mucho antes, en parcelas experimentales y en la articulación con productores que decidieron apostar por materiales nuevos, adaptados a las condiciones locales y con atributos diferenciales en color, tamaño y momento de cosecha.

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DURAZNOS CON IDENTIDAD Y ADAPTACIÓN LOCAL

Las tres selecciones forman parte de un registro de 30 cultivares de duraznero desarrollado por el INTA San Pedro y presentado en 2017.

Los nombres no son casuales: evocan bailes populares, comunidades originarias, ríos y figuras femeninas relevantes de la Argentina, reforzando una identidad nacional en un cultivo históricamente dominado por genética importada.

“En fruticultura, el desarrollo de una variedad hasta su registro demanda al menos 15 años”, explicó Gerardo Sánchez, investigador del INTA San Pedro.

“Hoy la biotecnología permite anticipar comportamientos de la fruta desde su composición molecular, pero aun así, para que una variedad llegue efectivamente al mercado, hacen falta varios años más”, expresó el referente del INTA.

Ese tiempo extra no depende solo de la genética, sino de la adopción productiva: sin productores que implanten los materiales, la innovación no sale del campo experimental.

 

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EL PASO CLAVE: QUE EL PRODUCTOR SE ANIME

La inserción comercial comenzó a tomar forma en 2021, a partir de un convenio de cooperación con la Cámara de Productores y la Cámara de Productores y Empacadores de la zona norte de Buenos Aires.

A partir de ese acuerdo, se invitó a los productores a probar los nuevos materiales en condiciones reales de producción.

“Cuatro empresas instalaron cinco plantas de cada uno de los 30 cultivares para evaluar su comportamiento, y otras dos optaron por una modalidad que permitía implantar montes a escala comercial”, detalló Gabriel Valentini, investigador del INTA San Pedro.

Hoy, el 80% de las variedades de duraznero cultivadas en el noreste bonaerense corresponden a materiales introducidos, evaluados o registrados por el INTA San Pedro. Sin embargo, el objetivo actual es renovar ese abanico, incorporando cultivares que sintetizan décadas de aprendizajes en la región.

DEL MONTE NUEVO A LA PRIMERA COSECHA

El productor que hoy está llevando Tehuelche, Chamamé y Rosalinda al mercado no es uno de los más grandes del sector.

Se trata de alguien que debía renovar su monte frutal y decidió apostar por variedades nuevas, priorizando atributos clave para el negocio: fechas de cosecha estratégicas, buen comportamiento de planta y, sobre todo, fruta de mayor color y tamaño.

“Para que una nueva variedad llegue al mercado lleva tiempo”, explicaron desde el equipo técnico. “Primero el productor debe elegirla; después hay que producir las plantas, que no existen en stock y se generan según la superficie a implantar; y una vez en el campo, hay que esperar entre dos y tres años para obtener la primera cosecha”.

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Ese recorrido, silencioso pero decisivo, es el que hoy permite que los consumidores empiecen a encontrarse con duraznos distintos, desarrollados localmente y pensados desde el inicio para responder a las demandas del mercado y de la producción. Un camino largo, donde la innovación genética solo se concreta cuando alguien se anima a plantar.

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