Día del Pollo: Juan, el productor que cría aves “libres” para dejarle a su hijo “un mundo maravilloso”
Nacido en Morteros (Córdoba), había estudiado publicidad, pero la llegada de un hijo lo hizo repensar y apostó a producir alimentos de manera agroecológica: hoy genera huevos y pollos con gallinas "felices" y practica ganadería regenerativa.
“Yo había estudiado publicidad, y me gustaba la parte creativa de trabajar en eso, pero sentía que era todo muy frío, por otro lado, nació mi hijo y me hizo repensar la calidad y procedencia de los alimentos que consumíamos en casa, ese combo hizo que, sin saber nada de campo, tomáramos la decisión de empezar a producir huevos con unas pocas gallinas, después agregamos pollos y hace tres años sumamos ganadería regenerativa, el trabajo con la tierra y los animales me hizo más humilde y consciente”, cuenta a corazón abierto Juan Pablo Rivarosa, productor agroecológico y de orgánicos en el norte cordobés junto a su mujer Eva Benavidez.
Juntos pusieron en marcha la granja “El Encuentro” y el almacén naturista “Natsa” (Naturaleza y sano), y su historia es un vehículo para mostrar en el Día Mundial del pollo que se celebra este 10 de mayo, una conmemoración creada por el International Poultry Council, para “reconocer el valor de esta proteína accesible, nutritiva y estratégica para la seguridad alimentaria global”.
EL POLLO COMO FACTOR DE CAMBIO
“La granja tuvo muchos inicios, pero todos surgen de esta semillita: Salvador”, dice el primer posteo que puede verse en el instagram de @elencuentro_granja y tiene la foto de Juan Pablo y Eva.
Y sigue: “Cantándole para que se duerma, el sostener tanta pureza, tanta belleza, tanto milagro, despertó una tremenda responsabilidad: yo voy a crear para este niño un mundo maravilloso. Salvador es todos los niños y esta tierra es toda la Tierra”.
Para entender un poco más hay que husmear en la historia de Juan Pablo. Sus padres se habían criado en el campo, pero pasados los 20 y tantos se fueron a la ciudad. “Cuando yo nací, en la ciudad de Morteros, norte de Córdoba, ya mi viejo estaba metido en la industria. En ese contexto familiar nací yo, industrial y de ciudad. Nada que ver con el campo”, relata Rivarosa.
Y prosigue: “Yo no tenía ninguna perspectiva de orientarme para lo rural. Sin embargo, terminando la facultad entré en contacto con lo rural por el lado de la nutrición y reconecté, si querés, con el camino que anteriormente habían hecho mis viejos”.
Juan Pablo había estudiado publicidad, pero justo cuando estaba por recibirse, nació su hijo y la vida lo cruzó con un médico naturista. “Dos cosas que cambiaron mi perspectiva. Me empecé a hacer preguntas que antes no me hacía, como ¿qué mundo estamos dejando? o ¿cómo se produce lo que comemos? Siempre me había interesado la ecología, pero en ese momento todo confluyó para animarnos a hacer una producción agroecológica”, explicó.
-¿Cómo fue la decisión?
-Yo ya venía viendo que la publicidad me gustaba por el lado creativo, era estimulante, pero me había dejado de gustar cuando había empezado a ver que muchas veces tenía que vender productos que por ahí no me gustaban. Por otro lado, empecé a buscar otro tipo de alimentos más naturales y no los encontraba. Entonces sentí que quería ser parte de eso. Empezar a producirlos.
-¿Y cómo arrancaste? Porque no tenías nada.
-Lo primero fue buscar dónde hacerlo. En ese momento mi viejo había comprado un campo en la zona de morteros y empezamos ahí. Elegimos las aves porque como no sabíamos nada de campo, sentimos que era un animal chico que podía ser práctico y sencillo. Arrancamos con ponedoras. Había ido a INTA Formosa, me orientaron. Me recomendaron arrancar con 300 gallinas. Fui escalando, llegué hasta 1300 probando cuál era el número que me servía. Después bajé e incorporé los pollos. Ahí estábamos con 700 gallinas y arrancamos con 40 pollos por mes. La producción máxima que tuvimos fueron 400 pollos por mes, pero después lo fuimos bajando.
-¿Cuánto producen hoy?
-Hoy tenemos 300 ponedoras y producimos 200 pollos por mes. Pero la producción en el campo está vinculada con un almacén en el pueblo donde vendemos lo que producimos. Hacemos comidas orgánicas, reunimos ingredientes orgánicos de distintos productores del país, hacemos viandas, panificación, etc. Al principio cuando teníamos tantas ponedoras una parte iba ahí y otra parte la repartía en pueblos vecinos.
-También hacen ganadería…
-Si, hace tres años empezamos con ganadería regenerativa, hacemos recría de terneros y, dependiendo de la situación climática y el momento, hacemos engorde. Apuntamos a ambos, pero si no se puede vendemos sólo la recría.
-¿Cómo es la zona desde el punto de vista agroclimático?
-La zona fue determinando la actividad. Nuestro campo tiene 60 hectáreas. Hacer una producción de aves en toda esa superficie sería algo muy grande. Yo quería hacer algo más integrado. Por eso pensamos, inicialmente, la idea era hacer agricultura para producir nuestro alimento. Pero la zona no es muy buena para hacer granos. Es más tambera, se producen pastos. No granos. Entonces, nos dimos cuenta de que la producción de aves es un complemento de la ganadería. Pollos y huevos te ayudan a pagar costos fijos, te dan una caja diaria de ingresos, pero para que sea algo de lo cual uno pueda vivir, ya tenés que afrontar una producción más grande, contratar más personal y contar con otra logística.
-Fueron buscando, poco a poco, el traje a medida para la superficie que tienen, la capacidad de trabajo, el clima…
-Es importante tener claro por qué estás en esto. Si uno lo hace sólo por lo económico quizás termines “adulterando” el sistema. Hoy con esto de “gallinas felices”, me han venido a ofrecer (para el almacén) huevos de “gallinas -supuestamente- felices” que están en un galpón en el piso. Y que se yo, si, es cierto, no están en jaula, pero siguen estando encerradas. Es distinto a si tu foco es producir comida sana, porque vas a buscar las combinaciones posibles para no bajarte de esa premisa. Este tipo de producción requiere una escala limitada. Porque también buscas salud personal y si te escalás y querés producir mucho más la terminás resignando.
-¿Cuáles son las principales diferencias entre el pollo que producen ustedes y los de galpón y jaula?
-La principal diferencia es una alimentación más balanceada porque no come solo grano sino también pasto, insectos, piedritas. Vos sables que las aves incorporan minerales a través de piedras. Otra diferencia son los tiempos de producción porque en jaula se terminan en 6-7 semanas de vida a faena y nosotros estamos a 10-12 semanas. Eso hace que la carne crezca más lento y tenga más calidad, estructura y el sabor que le da la pastura que comen. Por otro lado, el descanso del animal, que no le ponemos luz artificial. Vos imagínate que al final del ciclo productivo los de galpón son pollos que tienen muy pocas horas sin luz, por ende, esa mala calidad de vida repercute en la carne y lo que llega a tu plato. Entonces, tenés diferente cantidad y variedad de nutrientes de la carne y, por otro lado, textura y sabor.
-Con todo este esquema productivo y comercial, ¿Cuál es el número pensando sólo en la producción de pollos?
-Hoy con 100 pollos por mes te queda una ganancia de 1,2 millones de pesos. Eso si lo trabajás vos y lo vendés vos directo al público. Sin intermediarios. Nosotros hacemos todo, sólo tenemos un empleado, algo que ya te cambia un poco los números. Si es a nivel familiar puede ser rentable y podes tener buena calidad de vida. Teniendo 400-500 polos al mes podés tener un buen ingreso familiar. Pero es un trabajo de todos los días, como un tambo.
-¿En qué consiste el trabajo?
-La gallina es sencillo porque le tenés que dar de comer y juntar los huevos. Los sistemas de gallineros móviles que tenemos son prácticos porque lo movemos una vez a la semana. No hay limpieza que hacer, la bosta cae en el campo y de paso fertiliza. En el caso de los pollos requiere más trabajo. Primero hay que cuidar a los pollitos bebé cuando llegan. Eso es 4-5 semanas en galpón hasta que están aptos para salir, y después pasan a unos gallineros móviles pero que se mueven todos los días. Llevás la comida, movés el gallinero y le ponés agua. Para que te des una idea, nosotros ahora con 200 pollos es un trabajo que te implica toda la mañana y dos tardes: una elaborar el balanceado, y otra la faena.
-¿Por dónde pasan las claves del negocio pollero? ¿Dónde no hay que errarle para que sea negocio?
-Para mí, en este tipo de producción hay dos cosas fundamentales: primero, lo que te dije antes, tener claro tu objetivo para no caer en otros sistemas, porque por ahí te va bien y empezás a criar algunos en galpón y otros a campo y los vendés todo como pollo de campo y si alguien se entera chau, perdiste la confianza desde los que te compran. Y por otro, la venta, vos tenés que estar en contacto directo con el consumidor. Si vas a través de un distribuidor los números no te dan. Esta es una producción artesanal, vos manejás el precio de venta al público y tenes un sobre precio respecto del pollo común. Y después tenés que hacerte el mercado, que te conozcan, que confíen en vos.
-¿Y desde lo productivo? ¿En qué no podés errar?
-Además de todo lo que ya venimos hablando, te diría dos cosas más, darle descanso a los galpones para que no surjan enfermedades y tratar de hacer tu propio balanceado. Al principio comprábamos hecho, por ahí para arrancar está bueno, pero después tenés que comprar vos los ingredientes y armarlo porque ahí te cambia mucho la rentabilidad del negocio. Algo que no vas a poder controlar es que como los pollos están afuera, no podés regularle la temperatura. Y por ahí demora más el engorde, porque la comida que el pollo come la usa para calefaccionarse en lugar de convertirlo en carne y músculo.
-¿Con qué peso salen los pollos?
-Salen con 3 kilos promedio. La faena la hacemos nosotros en el campo. Todos los lunes. Carneamos unos 40 pollos por semana, tardamos unas 3 horas entre 4 personas. mi señora, yo y dos empleados.
-¿Cuáles son los principales desafíos que se proponen?
-Después de todos los ajustes que te conté con pollos y huevos, y el almacén, hoy los focos están en la ganadería, ajustando ese sistema. Pero te diría que cuando pueda tener más tiempo, me parece que tendríamos que investigar la producción de pollos con otras razas más rústicas. Nosotros usamos el broiler, el doble pechuga, pero me parece que es un pollo de galpón. Hemos probado con otras, pero no convierten bien carne y no son rentables. Por lo pronto, escuché de una raza que se llama Sasso, originaria de Francia, reconocida por su rusticidad, crecimiento rápido y adaptabilidad a los sistemas a pasto.
-Cuando te mirás vos hace 20 años, ¿qué sentís que aprendiste a partir de tu vínculo con la tierra?
-Creo que muchas cosas, pero yo venía de un ambiente mucho más mental, teórico y creativo, pero de oficina. El campo me ayudó a bajar a tierra, y a descubrir cuántas cosas pasan que no sabemos. Todo el trabajo que hay atrás del plato de comida. Tomar conciencia y dimensión eso fue increíble. Y después ampliar un poco la mirada, porque yo entré por el lado de la alimentación, pero hoy también pienso cómo impacta lo que hacemos en el medio. Hoy observo más. Estamos rodeados de seres, insectos, plantas, no somos los únicos y trabajar con más respeto. Me hizo más humilde.
¿ Qué le dirías a alguien que como vos, ustedes alguna vez, quiera comenzar con la producción de pollos? ¿por dónde empezar? ¿cómo? ¿con cuánto? ¿qué tener en cuenta?
-Le diría, a ese yo de antes, que no tenga tanta ansiedad en ver los resultados, que son procesos. Sobre todo, cuando uno no tiene el conocimiento de base, como me pasó a mí. Me parece que es importante la convicción y que, si es algo que lo siente, que vaya despacio, pero para adelante. Que escuche a la gente que está en el campo, sobre todo la gente grande, me han guiado bastante. Se puede empezar de a poquito y ahí vas viendo si realmente te gusta. Las aves son ideales para empezar. Porque, además, no requieren de muchos recursos.







