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Mientras sigue expandiéndose en San Juan, al pistacho le nació un enemigo: el loro barranquero

Fuente: Infocampo 11/05/2026 09:28:18 hs

En San Juan, el crecimiento explosivo del pistacho abrió un nuevo frente productivo: el daño de aves nativas. Un equipo de la UNSJ–CONICET investiga cuánto afecta el loro barranquero y cómo diseñar estrategias que no comprometan su conservación.

El avance del pistacho en San Juan, que pasó de 600 hectáreas en 2013 a unas 6.500 en 2025, no solo consolidó a la provincia como el corazón productivo del cultivo en Argentina.

También puso en evidencia una tensión cada vez más frecuente en los sistemas agropecuarios modernos: la interacción con la fauna nativa.

En este caso, el protagonista es el loro barranquero (Cyanoliseus patagonus), señalado por productores como uno de los principales responsables de daños en las plantaciones.

En ese escenario, el biólogo e investigador Exequiel Gonzalez, del Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO), dependiente de la UNSJ–CONICET, lleva adelante un estudio que busca ponerle números y rigor científico a un problema que crece al ritmo del cultivo.

“Mi trabajo se centra en comprender la interacción entre el loro barranquero y el cultivo de pistacho en San Juan. Buscamos generar bases científicas sólidas para abordar un problema que viene creciendo en la región, el daño que algunas aves pueden llegar a ocasionar en sistemas agrícolas”, explicó.

LOROS “ANTI” PISTACHO, UNA ESPECIE BAJO LA LUPA

El foco está puesto principalmente en el loro barranquero, no por casualidad. “Es la especie señalada con mayor frecuencia por los productores como responsable de los daños en el cultivo de pistacho”, detalló Gonzalez.

Sin embargo, no es la única: en algunas situaciones también aparece la cotorra como agente de impacto.

El trasfondo de esta problemática está directamente vinculado al crecimiento del cultivo. La expansión del pistacho en San Juan no solo responde a su rentabilidad y adaptación regional, sino que también modifica el paisaje productivo y, con él, las dinámicas ecológicas.

“Es clave entender esas relaciones con la fauna para poder diseñar estrategias que reduzcan las pérdidas económicas sin afectar la conservación de las especies”, remarcó el investigador.

Y agregó un punto central: “El loro barranquero es una especie nativa categorizada como amenazada a nivel nacional”.

MEDIR PARA DECIDIR: CUÁNTO DAÑO Y DÓNDE

Uno de los principales objetivos del estudio es dejar atrás percepciones y avanzar hacia datos concretos. En esa línea, el equipo analiza cómo las aves utilizan los cultivos, cuál es la magnitud del daño y cómo se distribuye dentro de cada plantación.

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“Evaluamos cómo la especie utiliza los cultivos, cuál es la magnitud y distribución espacial del daño para poder determinar su impacto económico. Una vez que contemos con esa información, la idea es avanzar con el análisis de posibles estrategias de manejo”, señaló Gonzalez.

Los primeros resultados ya ofrecen pistas relevantes. “El daño existe, pero su intensidad puede variar bastante entre plantaciones. Además, dentro de una misma finca no es homogéneo: hay sectores más afectados que otros”, explicó.

Este patrón abre nuevas preguntas: factores del paisaje circundante, características del cultivo o incluso variables aún no identificadas podrían estar influyendo en esa distribución desigual del daño.

RESULTADOS PRELIMINARES QUE ROMPEN MITOS

Uno de los datos más llamativos del estudio es que, al menos por ahora, el nivel de daño registrado se mantiene por debajo de los umbrales que en otros cultivos suelen disparar medidas de manejo.

“Los valores que estamos registrando se ubican por debajo del límite inferior de los niveles que en otros cultivos se consideran umbrales para comenzar a aplicar medidas, que suelen estar entre el 5% y el 10%”, precisó el investigador.

Además, algunas hipótesis tradicionales no terminan de confirmarse. “En otros sistemas suele observarse el ‘efecto de borde’, donde el daño se concentra en los sectores periféricos del cultivo. En este caso, no parece manifestarse de manera clara”, agregó.

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De todos modos, Gonzalez fue cauto: “Todavía no hablamos de conclusiones cerradas. Son observaciones preliminares que necesitan seguir siendo evaluadas”.

UN ESCENARIO DINÁMICO Y COMPLEJO

El comportamiento del loro barranquero suma complejidad al análisis. Se trata de una especie altamente móvil, con fuerte comportamiento social y capacidad de desplazarse grandes distancias.

“Esto puede generar mucha variabilidad entre temporadas: una plantación puede tener muchos loros un año y muy pocos al siguiente. También hay diferencias entre fincas que todavía no logramos explicar completamente”, indicó.

Esa heterogeneidad, tanto espacial como temporal, es uno de los principales desafíos para construir recomendaciones sólidas. A eso se suma su rol ecológico: el loro barranquero no es solo un potencial problema productivo, sino también un actor clave en los ecosistemas áridos.

Exequiel Gonzalez, investigador del Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO), dependiente de la UNSJ–CONICET

“Cumple un rol importante, ya que se alimenta de semillas, frutos y brotes, contribuyendo a la dispersión de especies vegetales”, destacó Gonzalez.

PRODUCCIÓN Y CONSERVACIÓN

En un contexto en el que San Juan concentra cerca del 87% del pistacho argentino, la necesidad de respuestas es concreta. Pero el enfoque del estudio apunta a evitar soluciones simplistas.

“Aporta conocimiento estratégico para la gestión del territorio. Nos permite avanzar hacia modelos productivos que integren conservación y desarrollo, que es uno de los grandes desafíos actuales”, sostuvo el investigador.

La clave, en definitiva, está en transformar un conflicto en una oportunidad de mejora. Medir con precisión, entender las causas y diseñar estrategias ajustadas a cada situación será fundamental para que el pistacho siga creciendo sin que el loro barranquero pase de ser parte del paisaje a convertirse en un problema mayor.

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