La boga “pica” en punta en la agenda productiva: prueban su cultivo intensivo en el Litoral
Investigadores del INTA y el Conicet confirmaron que esta especie nativa del Litoral puede producirse en sistemas de recirculación, con altos rendimientos, bajo impacto ambiental y una fuerte proyección para la acuicultura nacional.
La acuicultura argentina suma una alternativa con identidad local y proyección económica: la boga (Megaleporinus obtusidens).
Ensayos realizados por equipos del INTA y el Conicet demostraron la viabilidad de su cultivo en sistemas intensivos con recirculación de agua (RAS), alcanzando rendimientos productivos que la posicionan como una opción estratégica para distintas regiones del país.
Se trata de una especie nativa de los ríos del Litoral, muy valorada por su calidad de carne y su aceptación en el mercado, que además presenta una excelente adaptación a tecnologías de producción sustentables. Los resultados abren la puerta a una expansión del sector acuícola sin comprometer las poblaciones naturales.
LA BOGA: RENDIMIENTO Y ADAPTACIÓN
Uno de los principales atributos que destacan los investigadores es el potencial productivo de la boga bajo manejo intensivo.
Según explicó Ariel Belavi, referente en acuicultura del INTA, “el cultivo de boga puede alcanzar rendimientos superiores a los 90.000 kilos por hectárea”, una cifra que la coloca entre las especies más competitivas para sistemas controlados.
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El trabajo confirmó que la especie se adapta con solvencia a sistemas RAS, que permiten reutilizar el agua, reducir efluentes y mantener condiciones estables de cultivo.
“El sistema de recirculación posibilita producir pescado nativo de alta calidad con un uso eficiente de los recursos y menor impacto ambiental”, subrayó Belavi.
Los estudios se desarrollaron en tanques circulares con control de temperatura y calidad de agua, donde se evaluó el desempeño de ejemplares juveniles durante seis meses.
“Seguimos el crecimiento y distintos parámetros físicos, químicos y biológicos, y observamos una excelente respuesta incluso a temperaturas bajas, con un crecimiento exponencial por encima de los 20 grados”, detalló el técnico del INTA.
Los resultados mostraron una relación directa entre temperatura, aumento de talla y biomasa. En la experiencia se alcanzaron hasta 31,8 centímetros de longitud y 568 gramos de peso, con una proyección a tamaño comercial —entre 35 y 40 centímetros y hasta un kilo— en un ciclo de 10 a 12 meses.
PRODUCCIÓN SUSTENTABLE Y ESCALABLE
Desde el Conicet, el investigador Pablo Collins remarcó el valor ambiental y económico de la tecnología utilizada.
“El sistema RAS permite mantener condiciones óptimas de agua, aprovechar mejor los insumos y reducir costos e impactos ambientales. Los resultados demuestran que es posible producir pescado nativo con tecnologías accesibles y sostenibles”, afirmó.
Una unidad productiva de 50 metros cúbicos puede generar alrededor de 450 kilos de pescado por ciclo, con rendimientos extrapolables a unas 90 toneladas por hectárea al año. Además, el sistema se adapta tanto a emprendimientos familiares como a proyectos comerciales de mayor escala.
UNA ESPECIE CON PROYECCIÓN FEDERAL
El cultivo de boga puede implementarse en múltiples regiones del país. Al aire libre, es viable en provincias como Corrientes, Misiones, Formosa, Santiago del Estero, el norte de Santa Fe y el este de Salta.
Bajo cubierta plástica, sin necesidad de calefacción, puede extenderse a zonas donde la temperatura media de julio supere los 9 grados, incluyendo el norte de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y otras regiones del centro del país.
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Originaria de las cuencas del Paraná y otros ríos sudamericanos, la boga se destaca por su carne firme, suave y con alto contenido proteico. Su alimentación omnívora, bajo requerimiento de proteína y buena tolerancia térmica la convierten en una candidata ideal para sistemas intensivos.
Actualmente, la oferta proviene mayormente de la pesca extractiva. Por eso, su cultivo aparece como una herramienta clave para aliviar la presión sobre los ambientes naturales y garantizar una provisión estable para el mercado interno y la exportación. Identidad local, sustentabilidad y rentabilidad confluyen en una ecuación que posiciona a la boga como una de las grandes apuestas para el futuro de la acuicultura argentina.
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