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La revolución del riego en el norte patagónico: “El potencial productivo es incluso superior a la zona núcleo”

Fuente: Infocampo 12/07/2026 06:23:50 hs

En el próximo Congreso Aapresid, uno de los paneles abordará el trabajo para expandir la agricultura en los valles del Río Negro, de la mano del riego. Maíces, sojas y trigos con rindes sorprendentes, en la región llamada a ser el "Corn Belt" argentino.

En el imaginario popular del agro, la Patagonia no ingresa dentro de los paisajes productivos más fértiles: se la asocia con grandes extensiones de desiertos o mesetas áridas donde hay pocas posibilidad de producir tanto granos como carne o leche.

Sin embargo, el norte de esta región; puntualmente los valles del Río Negro, presentan una enorme oportunidad agrícola, de la mano de una tecnología sobre la que viene apostando hasta el propio gobierno provincial: el riego.

Tal es así, que será uno de e los temas que se abordará durante el próximo Congreso Aapresid, que se desarrollará en Rosario del 4 al 6 de agosto.

Aapresid le pone “voz” a los suelos para “aprender a escucharlos” y tomar mejores decisiones

LA NORPATAGONIA, ¿UN “CORN BELT” ARGENTINO GRACIAS AL RIEGO?

“Río Negro: Región productiva regante en expansión. Una mirada holística”, es el nombre del panel que encabezará Magalí Gutiérrez, una de las especialistas que, desde el Sistema Chacras de Aapresid, es parte de ese proceso y opina que este desarrollo “le cambiará el formato productivo a Argentina”.

La ingeniera agrónoma no duda, aunque la afirmación suene exagerada: gracias al riego, el norte patagonico puede incluso destronar a la zona Núcleo como “epicentro productivo”.

Con rindes potenciales de más de 6.000 kilos en soja, 25.000 kilos en maíz y 12.000 kilos en trigo, los valles irrigados prometen un horizonte agronómico fructífero, aunque también engloban importantes desafíos para alcanzarlo.

“Es la zona del país con mayor potencial productivo, incluso superior a la zona núcleo. Es el ‘espejo’ de Des Moines en Iowa, pleno corn-belt norteamericano”, asegura Gutiérrez.

Las razones detrás de ese potencial son la elevada heliofanía la radiación y la calidad del agua utilizada en el riego, que -como se mencionó- llega desde el río Negro.

Para la ingeniera Magalí Gutiérrez, el norte patagónico tiene un enorme potencial agrícola

REDISEÑAR EL MANUAL, CON EL RIEGO COMO FOCO

Pero lo que hoy se percibe como una “revolución productiva” sin escalas, en realidad comenzó a tomar forma hace poco más de una década. Y gran parte de ese proceso tuvo que ver con la investigación científica aplicada, que acompañó a las obras de infraestructura y a la curiosidad de algunos pocos productores que se animaron a apostar a la zona.

“Hubo que rediseñar el manual porque no se podía importar conocimiento de otra zona para trabajar ahí. Hoy en día esa información está”, explicó Gutierrez.

Puntualmente, de la mano del proyecto Chacra VINPA (Valles Irrigados del Norte Patagónico) de Aapresid, se lideran ensayos centrados en el manejo del agua y de los cultivos, sobre todo de trigo, soja, maíz y alfalfa, pero también de legumbres y hortalizas. Los resultados, hasta ahora, hablan por sí solos.

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“En los lotes donde se trabaja bien ya se ve el potencial y se empieza a estabilizar la producción en niveles altísimos”, explica Alfonso Cerrota, otro de los técnicos de la Chacra, que coincide con Gutiérrez en la importancia que tiene el riego no sólo en elevar los rendimientos, sino también en darles estabilidad y previsibilidad.

Actualmente, ya hay planteos que tienen rindes promedio de 13 toneladas por hectáreas de maíz, con picos de hasta 16 toneladas; promedios de 4 toneladas de soja y picos de 5,6; mientras que en trigo los promedios ya rondan las 7-8 toneladas, con lotes que incluso alcanzan las 10 toneladas.

Y estas cifras sorprendentes están todavía debajo de potenciales proyectados por los ensayos, lo que indica que aún quedan desafíos en los que trabajar.

MÁS ALLÁ DEL RIEGO: LAS TAREAS PENDIENTES

De todos modos, agronómicamente hay mucho por hacer para que ese potencial se transforme en realidad.

“La brecha depende principalmente de que los suelos se desarrollen al 100%. Eso demanda cobertura y muchas raíces. Sobre todo en el caso de las hortalizas, que suelen ser más agresivas para la estructura”, afirma Gutiérrez.

Y añade: “Los suelos son muy pobres y casi no tienen materia orgánica, por lo que es clave encontrarle la vuelta a los ciclos, a la fertilización y la cobertura”.

En el caso de la Chacra de Aapresid, por caso, el foco está puesto en ajustar la nutrición, apoyada en fertilizantes tradicionales y en la incorporación de biológicos por su impacto en la estructura radicular.

Asimismo, los especialistas también se centran en los desafíos que aún engloba el manejo del riego.

“Se requiere perfeccionar al máximo el trabajo, porque en esta zona el riego es total, no complementario, y es uno el que aplica toda el agua necesaria”, detalla Gutiérrez, quien destaca que en la región “hay unas 400.000 hectáreas potencialmente regables”.

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En este marco, si bien hay obras en marcha que ya hacen su aporte, para que la Norpatagonia se convierta en un verdadero polo agrícola, es muy relevante el desarrollo de infraestructura, que sirve de marco para los proyectos que se espera que lleguen de la mano del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI).

“Son las obras las que van a poner a la zona dentro del mapa para invertir, porque va a haber luz, agua y mucha tierra con los máximos potenciales productivos del país. Es una zona de planteos productivos grandes y hay que pensar en desembarcar a gran escala”, concluye la coordinadora técnica.

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