Biotecnología única en el mundo: científicos de la UBA “entrenan” abejas para hacer rendir más los cultivos
Un equipo de investigadores argentinos desarrolló una suerte de GPS de las colmenas: el desarrollo aprovecha el olfato y la comunicación social de las abejas en el panal, para "dirigirlas" hacia cultivos específicos, elevando hasta 90% los rendimientos.
Durante décadas, las abejas fueron consideradas aliadas indispensables de la producción agrícola por su rol en la polinización.
En este marco, un grupo de científicos argentinos ha logrado ir un paso más allá: logró entrenarlas para que vuelen hacia los cultivos de interés del productor y, de esa manera, incrementen el rendimiento entre un 20% y un 90%, dependiendo de la especie.
Detrás de este desarrollo está Walter Farina, investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), quien desde hace más de 35 años estudia el comportamiento y la neurobiología de las abejas.
Su equipo convirtió ese conocimiento básico en una plataforma biotecnológica con aplicaciones concretas para el agro, basada en un concepto tan simple como revolucionario: aprovechar el extraordinario sentido del olfato de estos insectos y la forma en que comparten información dentro de la colmena.
LAS ABEJAS, “ENTRENADAS” PARA AYUDAR A LOS CULTIVOS
“Las abejas se orientan por olores florales, los cuales van aprendiendo, situación que les permite volver al mismo lugar donde había recursos interesantes. Con eso en mente, nos preguntamos: ¿será posible entrenar a grupos de individuos para que vayan más rápido a una floración, a un cultivo?“, recordó Farina al explicar el origen de una investigación que hoy ya tiene impacto internacional.
INVESTIGADORES DE LA UBA DESARROLLARON UN MÉTODO PARA ENTRENAR ABEJAS QUE ESTÁ REVOLUCIONANDO AL MUNDO pic.twitter.com/SLe8sYYl2n
— UBAonline (@UBAonline) July 13, 2026
El punto de partida fue comprender con precisión cómo las abejas identifican las flores. A partir de allí, los investigadores desarrollaron fragancias sintéticas capaces de imitar el aroma natural de distintos cultivos.
“Nosotros comenzamos estudiando cómo se comportan las abejas en cultivos, como es el caso del girasol, en los cuales son clave para que se produzcan más semillas. Lo primero que queríamos saber era cómo las fragancias florales de los cultivos eran usadas para orientarse. Con ese conocimiento, pasamos a tratar de emular esas fragancias en un perfume sintético”, explicó.
El entrenamiento ocurre en el laboratorio mediante un mecanismo de aprendizaje asociativo similar al clásico experimento de Iván Pavlov.
Cada abeja recibe una gota de solución azucarada inmediatamente después de percibir la fragancia sintética, generando una asociación entre ese aroma y una recompensa alimenticia.
“Una vez logrado eso, hicimos experimentos para evaluar si las abejas podían ser entrenadas hacia el cultivo que nosotros quisiéramos. Lo que vimos nos sorprendió, realmente. Las abejas entrenadas frente a un perfume sintético similar a la fragancia de las flores de cultivo iban más rápido al seleccionado por nosotros, desencadenando así lo que esperábamos: un aumento en el rinde del girasol, en ese caso”, relató.
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Aquellos primeros ensayos, realizados hace más de una década, marcaron el nacimiento de una tecnología inédita. Antes incluso de publicar los resultados científicos, el equipo decidió proteger el desarrollo mediante patentes, consciente de su enorme potencial productivo.
LA “RED SOCIAL” DE LAS ABEJAS
Pero el verdadero salto tecnológico apareció cuando los investigadores comprobaron que no era necesario entrenar a todas las abejas de una colmena.
La clave estaba en la propia organización social del enjambre. “Sabíamos que en laboratorio un grupo de abejas confundía una fragancia sintética muy simple con una fragancia floral natural muy compleja. Ahora debíamos saber si eso se podía expandir a toda una colonia”, señaló Farina.
La respuesta estaba dentro del panal. “Dentro de las colmenas se comparte mucha información. Cuando una abeja descubre una floración muy rica en néctar, como el girasol, lo ingiere, pero guarda un poco en el buche. Cuando llega a la colmena, lo regurgita, ofreciendo una gota a sus compañeras“, describió.
Ese intercambio de alimento también funciona como un intercambio de información. “Cuando las otras abejas toman esa gotita, les están dando algo más que alimento: reciben también información de la fragancia floral“, explicó el investigador.
En otras palabras, unas pocas abejas entrenadas terminan “enseñándoles” al resto de la colonia cuál es el aroma que deben buscar. La información circula rápidamente entre miles de individuos, como si se tratara de una red social biológica, logrando que una enorme cantidad de polinizadores concentre su actividad sobre el cultivo objetivo.
DE LA CIENCIA BÁSICA A UNA BIOTECNOLOGÍA
El desarrollo ya dejó de ser exclusivamente académico. Actualmente existen formulaciones patentadas para girasol, manzana, pera, almendro, arándano y kiwi, mientras avanzan investigaciones para alfalfa, cereza, frutilla y palta.
Las patentes fueron obtenidas en Argentina, Estados Unidos, China y otros mercados estratégicos, mientras que la comercialización de la tecnología fue licenciada por la UBA y el CONICET a Beeflow, una empresa nacida en Argentina que hoy también opera en Estados Unidos, Perú y México.
La innovación se inserta además en uno de los segmentos con mayor crecimiento global: la biotecnología aplicada a la producción de alimentos, un mercado que mueve miles de millones de dólares al año y donde Argentina busca consolidarse como generadora de desarrollos de alto valor agregado.
El potencial no es menor. Se estima que las abejas participan en la polinización de aproximadamente un tercio de la producción agrícola mundial, por lo que cualquier mejora en su eficiencia repercute directamente sobre la productividad y la seguridad alimentaria.
En ese contexto, el trabajo encabezado por Farina demuestra cómo décadas de investigación en comportamiento animal pueden convertirse en herramientas concretas para el campo.
Aprovechando el lenguaje químico y la organización social de las abejas, la ciencia argentina encontró una forma de aumentar los rindes sin modificar genéticamente los cultivos ni incrementar el uso de insumos, abriendo una nueva etapa para una agricultura más eficiente y sustentable.
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