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Inteligencia “aplicada”: redujeron hasta 25% el uso de herbicidas y bajaron de 9 a 7 pulverizadoras

Fuente: Infocampo 20/07/2026 15:08:44 hs

Tras cinco años de trabajo basado en mediciones, capacitación y mejora continua, una empresa agropecuaria logró aumentar la productividad de sus aplicaciones, bajando no solo las de herbicidas, sino también achichando hasta un 67% el uso de agua.

Mientras gran parte de la innovación agropecuaria suele asociarse a la incorporación de maquinaria de última generación o de herramientas agtech, la experiencia de la empresa Berardo Agropecuaria pone el foco en otro aspecto muchas veces subestimado: la mejora continua de los procesos.

Durante los últimos cinco años, la empresa de Entre Ríos desarrolló un trabajo conjunto con el Grupo APC basado en mediciones objetivas, capacitación permanente y seguimiento técnico de las pulverizaciones.

El resultado fue una transformación integral de su sistema de aplicaciones, que permitió mejorar simultáneamente la eficiencia, la calidad y la productividad.

Los números reflejan con claridad esa evolución. La empresa consiguió reducir hasta un 67% el volumen de agua utilizado en determinadas aplicaciones, disminuir más del 25% el uso de herbicidas y triplicar la cantidad de ingrediente activo que efectivamente llega al objetivo biológico.

Pero uno de los datos que más llamó la atención fue otro: mientras incrementó la superficie trabajada y la cantidad de aplicaciones anuales, logró reorganizar toda su estructura operativa, pasando de nueve a siete pulverizadoras, aumentando la capacidad de trabajo de cada equipo sin resignar calidad.

MEDIR PARA DEJAR DE SUPONER

El caso fue presentado durante la jornada Pulverización Inteligente, realizada en el marco de la 138° Exposición Rural de Palermo, donde se convirtió en uno de los ejemplos más destacados sobre cómo la mejora continua puede impactar directamente sobre la productividad y la eficiencia de una empresa agrícola.

Hace cinco años, Berardo Agropecuaria estaba convencida de que realizaba aplicaciones de calidad. Contaba con equipos modernos, ingenieros capacitados y una amplia trayectoria en el sector. Sin embargo, la decisión de comenzar a medir objetivamente cada proceso permitió descubrir que todavía existía un enorme margen para evolucionar.

Creíamos que aplicábamos bien. Teníamos buenas máquinas, buenos ingenieros y experiencia, pero cuando empezamos a medir, descubrimos que había muchísimo por aprender“, relató Sofía Berardo.

Ese cambio comenzó con una decisión sencilla pero trascendente: abandonar las suposiciones y respaldar cada decisión con información concreta.

“Siempre nos ocupamos de capacitarnos en siembra y cosecha. Entonces nos preguntamos por qué no hacer lo mismo con las pulverizaciones. Ahí empezó todo”, recordó.

Lo que inicialmente fue una evaluación técnica terminó convirtiéndose en una nueva forma de gestionar las aplicaciones agrícolas.

MÁS HECTÁREAS, MENOS RECURSOS Y MAYOR PRODUCTIVIDAD

Actualmente, Berardo Agropecuaria produce más de 53.000 hectáreas por campaña y realiza alrededor de 210.000 hectáreas de pulverización por año, considerando tanto la producción propia como los servicios prestados a terceros.

En ese recorrido, la empresa logró reducir hasta un 67% el volumen de agua utilizado en aplicaciones de insecticidas y fungicidas, bajar más de un 25% el uso de herbicidas y triplicar la eficiencia del ingrediente activo que alcanza el objetivo biológico, disminuyendo pérdidas y mejorando la eficacia de los tratamientos.

La reducción del volumen de agua también generó beneficios operativos. Al disminuir los tiempos destinados a la carga, se optimizó la logística de trabajo y aumentó la productividad de las pulverizadoras.

Ese proceso permitió que, aun incrementando la escala de producción, la empresa redujera su parque de pulverización de nueve a siete equipos, aumentando la capacidad operativa del sistema y manteniendo elevados estándares de calidad.

En definitiva, el desafío dejó de ser incorporar más maquinaria para pasar a producir más con una utilización más eficiente de los recursos disponibles.

MEJORA CONTINUA COMO MODELO DE GESTIÓN

La experiencia también dejó una enseñanza que trasciende los indicadores productivos: la mejora continua no es una meta que se alcanza, sino un proceso permanente.

El trabajo desarrollado durante estos años se apoyó sobre tres pilares: la capacitación de las personas, el correcto estado y configuración de los equipos de aplicación y la evaluación permanente de la calidad de las pulverizaciones en condiciones reales de trabajo.

Con esa información objetiva, la empresa identifica oportunidades de mejora, redefine objetivos y genera nuevo conocimiento aplicado para seguir evolucionando campaña tras campaña.

Cinco años después de iniciar este camino, Berardo Agropecuaria continúa evaluando cada proceso con la convicción de que siempre existe un nuevo aspecto por optimizar.

LAS PERSONAS, INVERSIÓN QUE MARCÓ DIFERENCIA

Más allá de la incorporación de herramientas técnicas, uno de los principales aprendizajes fue comprender que la transformación comenzó por el capital humano.

“La tecnología es importante, pero aprendimos que las personas son las que hacen la diferencia. El criterio se construye; cuando el equipo entiende por qué hace cada cosa, los resultados aparecen naturalmente”, destacó Sofía Berardo.

La experiencia demuestra que innovar no siempre significa comprar una nueva máquina. En muchos casos, implica aprender a utilizar mejor las herramientas disponibles, tomar decisiones basadas en datos y construir una cultura de mejora permanente.

Con ese horizonte, la empresa ya trabaja en los próximos desafíos: avanzar hacia aplicaciones de apenas 10 litros por hectárea, seguir incrementando la productividad operativa y profundizar la capacitación de todo su equipo.

Después de cinco años de trabajo sostenido, el caso de Berardo Agropecuaria deja una conclusión que trasciende a la propia empresa: en un contexto donde la eficiencia es cada vez más determinante, medir, aprender y mejorar de manera constante puede convertirse en una de las innovaciones más valiosas para el agro argentino.

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