Fitosanitarios en zonas periurbanas: las claves para ganar eficiencia y reducir riesgos en las aplicaciones
En las zonas periurbanas, aplicar bien fitosanitarios no es solo lograr eficacia sobre el blanco. Es evitar que las gotas lleguen donde no deben. Un repaso de las variables que más pesan a la hora de reducir riesgos.
Una aplicación efectiva y segura de fitosanitarios se define antes de que la pulverizadora ingrese al lote, sobre todo en áreas periurbanas, donde deben extremarse precauciones para evitar riesgos sobre poblaciones cercanas.
El primer paso es considerar la legislación vigente, un punto en el que, lejos de existir consensos y definiciones claras, hay pendientes: ausencia de planes de ordenamiento territorial; falta de controles en los prestadores de servicios de aplicación; y un vacío en el marco normativo nacional que conduce a la descoordinación entre nación, provincias y municipios.
En este escenario, algunas provincias toman la posta:
- Santa Fe apunta a recuperar la autoridad de control mediante la capacitación de operarios, fiscalización de empresas, regulación de drones y el uso de veedores.
- Córdoba apuesta a la certidumbre técnica integrando una red de estaciones meteorológicas para auditar variables en tiempo real al momento de cada aplicación.
- Entre Ríos avanza en un esquema de trazabilidad completa de la cadena de fitosanitarios y en la unificación de recetas digitales y datos del clima en una plataforma única.
FITOSANITARIOS: UN MODELO DE MUNICIPIO “VERDE”
A nivel local, muchos municipios hacen lo propio. Cañada Rosquín, en el sur de Santa Fe, implementa desde hace 7 años Municipio Verde: un modelo de gestión de áreas periurbanas que incluye el monitoreo de aplicaciones en tiempo real, la exigencia de recetas agronómicas y el diálogo entre actores.
Durante el último Congreso Aapresid, la presidenta comunal de este municipio, María Eugenia Racciatti, resumió: “El programa no sólo previno pérdidas económicas y proliferación de basurales y plagas en más de 4.000 hectáreas que hubieran quedado en desuso, sino que además consolidó la confianza social”.
Desde Aapresid Certificaciones (AC), el programa que promueve la aplicación de protocolos e iniciativas de producción responsable como Municipio Verde, explican que el primer paso es decidir si la aplicación realmente está justificada.
El monitoreo del lote permite identificar cuándo una plaga supera los niveles que justifican una intervención y, una vez tomada esa decisión, la receta agronómica debe definir activos, dosis y condiciones bajo las cuales se realizará el tratamiento.
Además, al tratarse de un entorno delicado, debe priorizarse la selección de activos de menor toxicidad y/o mayor selectividad (apuntan a controlar la plaga objetivo y reducir el impacto sobre los demás componentes del agroecosistema) y extremar precauciones en el almacenamiento y transporte de los productos.
Asimismo, la pulverizadora debe estar en buenas condiciones, correctamente calibrada y verificada, al menos una vez al año según la normativa UNE-EN ISO 16122. La calibración debe adaptarse a cada situación particular, buscando generar las gotas necesarias para alcanzar una cobertura efectiva sobre el objetivo, y minimizando al mismo tiempo las pérdidas hacia el ambiente.
La preparación del caldo es otro paso clave ya que condiciona la estabilidad a lo largo de la aplicación y su capacidad de llegar al objetivo. Aquí influyen aspectos como la calidad del agua (pH, dureza, turbidez) y el correcto orden de carga de productos según su formulación y características particulares (gránulos dispersables, polvos mojables, suspensiones, líquidos solubles, etc.).
La incorporación de coadyuvantes anti derivantes y antievaporantes, pueden colaborar en la reducción de pérdidas, aunque nunca compensan una boquilla mal elegida, una presión incorrecta o condiciones meteorológicas incompatibles con una aplicación segura.
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FITOSANITARIOS: EL TAMAÑO DE GOTA, UNA VARIABLE CENTRAL
En tanto uno de los factores más importantes en la prevención de la deriva es el tamaño de las gotas: las gotas muy pequeñas (inferiores a 200 micrones) pueden favorecer la cobertura en determinados tratamientos, pero también son más susceptibles a evaporarse o ser transportadas por el viento; mientras que las gotas de mayor tamaño presentan menor riesgo de desplazamiento.
En este sentido, la selección de la boquilla y la presión de trabajo son decisiones clave. A su vez, una misma boquilla puede generar diferentes tamaños de gota según la presión con la que opere: mayor presión, menor tamaño de gota, más riesgo de deriva.
También ayudan a disminuir el riesgo otras decisiones operativas, como reducir la altura del botalón, reducir la velocidad de avance y, cuando las condiciones ambientales lo exigen, establecer sectores o momentos en los que directamente no se debe aplicar.
FITOSANITARIOS: EL OPERARIO, UNA PIEZA CLAVE
Desde Aapresid Certificaciones advierten también que la capacitación del aplicador es otra barrera contra la deriva. No alcanza con saber manejar una pulverizadora: el operario debe comprender cómo interactúan el caldo, el blanco, la regulación del equipo y las condiciones ambientales.
Además, debe tener criterio para tomar decisiones durante la jornada. Una aplicación puede planificarse o haber comenzado bajo condiciones adecuadas y volverse riesgosa pocas horas después por un cambio en el viento, la temperatura o la humedad relativa.
Por eso, temperatura, humedad relativa y viento deben medirse en el lugar y monitorearse durante toda la aplicación.
Cabe recordar al respecto que las altas temperaturas favorecen la evaporación de las gotas. Aunque no conviene mirar sólo el termómetro: temperaturas moderadas (20 °C) pueden ser igualmente riesgosas cuando se combinan con baja humedad relativa (ej. HR 10%).
En este sentido, el Delta T (ΔT) es un buen indicador que combina la temperatura y la humedad relativa del aire en un solo valor.
En cuanto al viento, el rango adecuado está entre los 5 y 15 km/h, aunque no alcanza con observar valores promedio: las ráfagas y los cambios de dirección también pueden modificar significativamente el riesgo.
Por último, otro fenómeno relevante en áreas periurbanas es la inversión térmica. Ocurre durante el amanecer o atardecer en días de escaso viento, cuando una capa de aire caliente queda atrapada entre dos capas de aire frío, favoreciendo el traslado y condensación de ciertos productos.
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