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Cuando producir bien no alcanza: “Enterramos dólares y le damos un 30% de la cosecha al Estado”

Fuente: Infocampo 06/09/2026 08:28:16 hs

Verónica Ballario hace casi tres décadas que trabaja en Caytiba, la empresa familiar que llegó de Italia con su bisabuelo. Hoy enfrenta el mismo desafío que atraviesa buena parte del campo argentino: producir bien no siempre alcanza para que la ecuación cierre.

“Enterramos dólares y le damos un 30% de la cosecha al Estado”. La frase de Verónica Ballario no necesita mucha explicación para quien conoce el campo argentino, pero ella la dice con la autoridad de quien lo vive todos los años: es ingeniera agrónoma y trabaja en la empresa familiar desde 1997, la misma que empezó su bisabuelo cuando llegó de Italia.

Hoy, la empresa pertenece a cuatro primos: Verónica y su hermana, y Alejandra y Jorge. Se llama Caytiba SA y posee el establecimiento La Juanita: 4100 hectáreas en el sudeste cordobés —3500 agrícolas y 600 ganaderas—.

Este último, el más variable de la zona por su sensibilidad al agua disponible y a las heladas tardías, es también el que más discusión técnica genera puertas adentro de la empresa cada campaña.

PRODUCIR CON EL ESTADO COMO “SOCIO”

Aunque es rosarina, la vida de Verónica transcurrió entre Córdoba y Santa Fe: vivió sus primeros 10 años en Marcos Juárez, después estudió en Zavalla, y a los 30 volvió para instalarse definitivamente en la zona. Hoy reparte su trabajo entre el campo y la fitomejora de alfalfa.

También es socia de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) y acompañó a la comitiva que recorrió distintas empresas de esa zona productiva en el marco de la Gira que el programa Internacional de la Asociación realizó durante los días en que se extendió el último congreso anual.

La frase que encabeza esta crónica no es una queja aislada. Llega en un año atravesado por mejores condiciones económicas para la producción, como la baja parcial de las retenciones, aunque todavía no alcanzan para que la ecuación cierre del todo. “Es mejor que en años anteriores”, reconoció. Pero mejor no es lo mismo que rentable en toda la línea.

Verónica Ballario, socia Aapresid y participante activa de encuentros, en las instalaciones de la Cooperativa General Paz en Marcos Juárez.

Esa cuenta —el rinde que se vé crecer contra lo que finalmente queda después del paso del Estado— fue motivo de consulta por parte de más de un visitante extranjero durante la recorrida de la Gira internacional que Aapresid realizó en la previa al Congreso celebrado en Rosario.

Un productor boliviano, sin ir más lejos, contó a modo anecdótico el momento en que entendió cómo con los números argentinos de la producción el margen real terminaba siendo tan ajustado.

UN MODELO MIXTO EN LA ZONA NÚCLEO

El modelo productivo se apoya en la siembra directa y la rotación de cultivos, con maíz, soja y trigo como cultivos de renta.

En la zona, la Regional Aapresid viene trabajando distintos esquemas de rotación: el más tradicional combina maíz, soja de primera y trigo o soja de segunda a lo largo de tres años; otro, más intensivo, reduce ese ciclo a dos años alternando maíz, trigo y soja de segunda; y un tercero incorpora un cultivo de servicio con alta proporción de leguminosas —para fijar nitrógeno de forma biológica— antes de la soja de primera.

En los campos de menor rentabilidad, en tanto, la rotación agrícola convive con la cría de bovinos Angus.

Allí, además, funciona un ensayo propio de 20 variedades de trigo, distribuidas en ciclos largos e intermedios y sembradas en parcelas con repeticiones para comparar rendimiento y calidad entre materiales.

La siembra directa “no trabaja sola”: en La Juanita, la rotación y la gestión de datos apuntalan la sustentabilidad

El objetivo, explicó Valentín Gentiletti durante la recorrida, es también medir la respuesta a fungicidas frente a la presión de enfermedades —royas, manchas, fusariosis— que suele aparecer entre agosto y septiembre.

Desde hace dos campañas, el campo participa además de la Red de Biológicos de Aapresid, con resultados que aquel ingeniero agrónomo calificó de “erráticos” hasta el momento, aunque insisten en seguir probando.

LA BRECHA QUE SEPARA GENERACIONES

En este contexto, al margen de los desafíos políticos y productivos, la cuestión generacional en la empresa y los desafíos vinculados a la evolución de los equipos de trabajo ocupan un lugar central.

Verónica marcó la diferencia entre su propia experiencia y la de la generación que viene: “A las personas de 56 años nos implica un esfuerzo mayor que a los de 30 poder adoptar las tecnologías”.

En la gerencia la acompaña su sobrino Gerónimo, cuarta generación como ella. Son, hoy, los dos únicos miembros de la familia sobre los que recae la toma de decisiones del negocio. Los completan, desde hace años, un ingeniero agrónomo y un veterinario, además de especialistas de una cooperativa y distribuidores de la zona que también aportan mirada técnica a la hora de comprar o evaluar un negocio.

Producir en sociedad con la propia familia trae sus propios desafíos. Caytiba articula con otros cuatro primos —cuyas tierras también producen— y con una pequeña unidad de otro familiar. El clima, el gobierno, el mercado internacional y la dinámica familiar se mezclan en cada decisión.

“Trabajamos con un montón de miedos y hay que aprender qué lugar darle a eso en la toma de decisiones”, reconoció.

Son los pequeños fracasos acumulados en un legado de tiempo los que arman —dice— una cultura del miedo difícil de desarmar. Enseguida matizó, como si la frase necesitara un contrapeso inmediato: “Está bueno tener experiencia, pero que no frustre nuevas decisiones”.

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