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El Niño, una oportunidad para fortalecer la nutrición: por qué la fertilización “apilada” marca la diferencia

Fuente: Infocampo 14/10/2026 12:41:38 hs

En una capacitación realizada por la firma Yara, especialistas analizaron el fenómeno El Niño, que se prevé de “de gran magnitud”, analizaron posibles picos y dieron pautas para que la fertilización dé los mejores resultados a la hora de la cosecha.

La campaña 2026/27 ya está en marcha y está avanzando con una certeza: la presencia del fenómeno El Niño, y con los pronósticos confirmando que tendrá una intensidad pocas veces vista en la historia.

Así lo planteó el especialista en agroclimatología Eduardo Sierra durante “Claves de nutrición para transitar un año Niño”, una capacitación virtual organizada por la firma Yara, en la que también participó el doctor en Ciencias Agropecuarias y experto precisamente en fertilización, Gabriel Espósito.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON EL NIÑO?

Según Sierra, en la llamada “zona control” del Pacífico Ecuatorial, ya están dadas las condiciones para un ciclo con lluvias abundantes y por encima del promedio en la Región Pampeana. Y, según su análisis, la intensidad será mayor a la habitual.

“Los registros térmicos actuales en el océano Ecuatorial demuestran que no será un Niño típico, sino que tendrá un mayor impacto, comparable con lo sucedido con los ‘súper Niños’ de las campañas 1982/83, 1991/92, 1997/98 y 2015/16”, resaltó.

De acuerdo con el especialista, por ahora la región pampeana sigue bajo los efectos de La Niña que se está retirando.

La perspectiva es que el clima se mantendrá templado hasta noviembre, con la entrada de algunos pulsos polares aislados, y las lluvias comenzarán a aumentar a partir de fines de septiembre.

Así, la temporada de El Niño se extenderá aproximadamente entre octubre de 2026 y abril de 2027, con su máxima expresión en el país recién en febrero.

RAÍCES FUERTES DESDE EL ARRANQUE

Por ello, en este semestre, será decisivo que los cultivos logren una buena implantación, que los nutrientes estén disponibles en el momento justo y que lleguen con sus mecanismos de defensa preparados. Y el punto de partida para afrontar esos desafíos es una nutrición basada en el análisis de suelo.

Espósito puso el foco en las etapas vegetativas, que deben ser vigorosas, y en el rol de la fertilización en el desarrollo radicular.

Ahí aparecen dos nutrientes en los que los suelos muestran deficiencias cada vez mayores: uno es el fósforo, clave para un buen crecimiento de raíces. El otro es el zinc, que actúa como antioxidante y regulador del crecimiento. Ambos, explicó, son fundamentales para atravesar distintas situaciones de estrés.

En maíz, además del nitrógeno, destacó el papel del magnesio como “antiestresante térmico”, un nutriente cuya deficiencia crece año a año en la zona productiva.

Pero el dato más fuerte apuntó a la fertilización combinada: “Una de las claves de este ciclo será la provisión apilada de los nutrientes, ya que el maíz deja de producir un 25% si solo se lo fertiliza con nitrógeno, versus la práctica de cubrir nutrientes necesarios como nitrógeno, fósforo, azufre, boro, zinc, calcio y magnesio”. 

También recomendó dividir las aplicaciones de nitrógeno y contemplar la alta demanda del nutriente después de la floración. Desde Yara señalaron que, en ese marco, las fuentes a base de nitratos permiten acompañar mejor esa demanda a lo largo del ciclo y lograr una mayor eficiencia en el uso del nitrógeno. 

Y sumó, además, dos sugerencias. La primera es revisar la dosis de azufre, porque los suelos están cada vez más empobrecidos en este nutriente; la segunda, diagnosticar los niveles de boro, que interviene durante la floración.

SOJA, GIRASOL Y CAÑA DE AZÚCAR

Para la soja, el especialista recordó que el cultivo tiene una respuesta significativa a la fertilización de arranque con fósforo, azufre y zinc. También sumó al boro, tanto en soja como en girasol, para fijar un mayor número de flores.

“De la misma manera que en el maíz, si apilamos fósforo, azufre y boro, los rendimientos aumentan hasta un 16% en la soja”, afirmó.

Con la mirada puesta en el NOA, Espósito también repasó los nutrientes clave para la caña de azúcar: nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, zinc, boro y hierro.

Por último, en la capacitación se destacó la bioestimulación como estrategia defensiva frente a períodos de alto estrés térmico, especialmente probables en enero.

La conclusión de los especialistas fue que una buena estructura de cultivo y una nutrición balanceada y apilada serán la mejor defensa ante el escenario que plantea esta campaña.

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