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El Niño se lleva bien con los drones: cómo aprovecharlos en un contexto de mayores lluvias

Fuente: Infocampo 15/10/2026 13:35:17 hs

Una campaña que supone mayor nivel de precipitaciones puede acelerar la adopción de drones para realizar aplicaciones, cuando las máquinas terrestres no pueden ingresar. Cuáles son las claves ineludibles para incorporar esta tecnología.

Frente a un potencial panorama de excesos hídricos que puede provocar un año bajo el fenómeno El Niño, los drones agrícolas asoman como aliados para resolver la problemática que se genera cuando entrar al lote se vuelve inaccesible. 

Con el primer Congreso Internacional de Drones celebrado en Tucumán hace poco menos de un mes, instituciones como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), mostraron que el debate por su uso y regulación está encendido. 

Sin embargo, especialistas en aplicaciones aero agrícolas y miembros del CONICET han encendido pequeñas alertas respecto a la discusión que viene aparejada con esta tecnología agrícola y que sobrepasa la mera adquisición. Y es que, no basta con comprar un equipo, cargarlo con producto y hacerlo despegar.

EL BOOM DE LOS DRONES

En ese sentido, el ingeniero agrónomo Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro, opinó desde el punto de vista de la compañía que “volar es relativamente sencillo” cuando se habla de un robot autónomo.

“Uno le indica cuál es el lote, genera el plan de vuelo, arranca y vuelve solo. Sin embargo, es muy importante capacitarse en la configuración de los parámetros de aplicación”, indicó.

Así, ante un escenario potencialmente más húmedo, el desafío no será solamente poder entrar al lote, sino hacerlo en el momento agronómico indicado. Porque muchas veces el principal costo de esperar a que seque el piso está en lo que sucede mientras tanto dentro del cultivo.

Y ahí es cuando incide una de las consideraciones a tener en cuenta: el llegar a tiempo, porque una maleza no deja de crecer porque la pulverizadora no pueda entrar. En un barbecho, esperar puede significar encontrarse con plantas de mayor tamaño y más difíciles de controlar. 

Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro

“Si no puedo entrar y no aplico, las malezas siguen creciendo. Una maleza adulta es mucho más resistente y tolerante que una joven. Por eso, entrar y aplicar en el momento justo, representa también un ahorro, ya que impacta directamente en la eficacia del control y en la eficiencia de la aplicación”, sostuvo Fernández Koller.

El mismo concepto se extiende a los preemergentes, donde una demora puede terminar retrasando la siembra, y a los postemergentes. Con fungicidas e insecticidas, la oportunidad puede ser todavía más crítica.

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“Al tener una ventana de aplicación acotada, si una enfermedad o una plaga avanza mientras no podemos entrar, el control pierde eficacia y el daño puede llegar a comprometer la formación y el llenado de los granos, y por ende, el rendimiento final del cultivo”, agregó.

El valor del dron reside así en la posibilidad de aplicar cuando el cultivo lo necesita, independientemente de las condiciones de transitabilidad y de suelo.

Asimismo, el no circular sobre el lote evita el pisoteo, que puede generar pérdidas de rendimiento de entre 2% y 4% en aplicaciones terrestres, dependiendo de las condiciones de trabajo. Y en un año húmedo también evita ingresar con maquinaria pesada sobre suelos con exceso de agua, con el consecuente riesgo de huellas y compactación.

LOS DRONES Y LOS ERRORES QUE HAY QUE EVITAR

Ahora bien, poder entrar al lote no garantiza por sí solo una buena aplicación. Y allí aparecen dos cuestiones agronómicas que, según Fernández Koller, son fundamentales para quienes se inician en el uso de drones: la preparación de la mezcla y la calidad de aplicación.

“Con el dron trabajamos con muchos menos litros por hectárea y una solución mucho más concentrada. Por eso, lo primero y más importante es que la mezcla sea correcta y prestar mucha atención a la dilución de los principios activos”, explicó.

La segunda diferencia está en el recorrido que realiza la gota. Mientras una pulverizadora terrestre trabaja a poca distancia del objetivo, el dron puede hacerlo a tres o cuatro metros de altura.

“Ahí la física del viento y las condiciones ambientales tienen un impacto enorme sobre la gota. La calidad de aplicación con un dron es más desafiante y por eso hay que trabajar correctamente la calibración y los coadyuvantes que ayudan a darle estabilidad”, señaló.

A esto se suma otro riesgo: trasladar automáticamente al dron la misma receta utilizada en una pulverizadora.

Al trabajar con gotas más concentradas, Fernández Koller advierte que una sobredosificación puede aumentar los casos de fitotoxicidad sobre el propio cultivo. Por eso, más que aplicar recetas generales, el especialista pone el foco en ajustar cada tratamiento y capacitar al operador.

Desde Bidcom Agro instan a pensar el dron como parte de un sistema de aplicación.

Por último, si hay un punto que es común a la discusión, es que el dron debe pensarse como parte de un sistema de aplicación: la eficiencia viene de la mano con la previsión de abastecimiento de agua, la preparación y agitación del caldo, la carga de baterías y la logística. 

DRONES: LA CAPACITACIÓN ES CLAVE

Para lograr un buen comienzo con esta nueva tecnología, Bidcom Agro ofrece DJI Academy, un programa de capacitación con contenidos teóricos y prácticos que abarca desde las especificaciones del equipo y la configuración del plan de vuelo hasta la manipulación de productos, la seguridad operacional, la calidad de aplicación y las destrezas de vuelo a campo. 

Los cursos son dictados por distribuidores de la red certificados por Bidcom Agro y DJI, y se brindan a cada cliente que recibe su primera entrega técnica. Además, la compañía organiza jornadas de capacitación DJI Academy en distintos puntos del país para interesados que no poseen drones. 

Antes de adquirir un equipo, otra alternativa es recurrir a los contratistas especializados que comenzaron a expandirse junto con esta tecnología.

“Se puede averiguar qué contratistas están trabajando en la zona, conocer cómo vienen operando y probar la tecnología”, sugirió.

Según la compañía, actualmente sus ventas se reparten en proporciones similares entre productores y prestadores de servicios.

Después de la decisión estratégica del negocio respecto a la compra del equipo, el primer interrogante es quién lo operará; puede ser el productor o alguien del establecimiento. Empresas como Bidcom Agro instigan a considerar la capacitación al recurso humano como parte de la inversión. 

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En este caso particular, la empresa realiza una entrega técnica que incluye mantenimiento, recomendaciones agronómicas y las primeras prácticas de vuelo a campo, con el acceso a DJI Academy. Además, aconseja revisar las exigencias regulatorias de cada provincia antes de operar. 

Cabe recordar que Bidcom Agro comercializa distintos modelos de DJI Agras según escala y tipo de usuario:

  • El T55, orientado a quienes comienzan
  • El T70, de mayor capacidad de trabajo, para productores de mayor escala y contratistas
  • El T100, que se diferencia por su robustez y sistemas de seguridad.

La compañía ofrece financiación propia, acuerdos bancarios y operaciones mediante canje de granos.

El furor por estas herramientas viene creciendo en los últimos años, y el INTA —a través de la Red de Drones y del Programa Nacional AgTech— ha impulsado iniciativas como encuestas nacionales para recabar información sobre el uso y la adopción de drones en la producción agropecuaria de Argentina.

Según Bidcom Agro, el parque de drones agrícolas habría pasado de unos 100 equipos en 2023 a alrededor de 3.000 en 2026.

El paso fundamental “es entender cómo utilizarlo correctamente, para aprovechar la tecnología, para llegar al cultivo en el momento indicado, sin resignar calidad de aplicación”, concluyó Fernández Koller.

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