“Al búfalo hay que visualizarlo, porque me da la impresión de que estuvo escondido siempre”: María Nilda Silva impulsa la genética bubalina desde una cabaña específica en Corrientes
El interés por conocer al búfalo, mejorar su genética y aprovechar su potencial productivo llevó a María Nilda Silva y a su familia a desarrollar un establecimiento especializado en la ganadería bubalina. Desde Caá Catí, en Corrientes, la productora está al frente de una cabaña ganadera y del Centro Integral de Inseminación Artificial Bubalino (CIIAB),
El interés por conocer al búfalo, mejorar su genética y aprovechar su potencial productivo llevó a María Nilda Silva y a su familia a desarrollar un establecimiento especializado en la ganadería bubalina. Desde Caá Catí, en Corrientes, la productora está al frente de una cabaña ganadera y del Centro Integral de Inseminación Artificial Bubalino (CIIAB), una iniciativa pionera en el país.
La actividad comenzó en 2016 y, con el tiempo, la necesidad de acceder a genética de calidad marcó el camino de una nueva etapa: invertir en infraestructura y tecnología para producir y comercializar semen bubalino. Actualmente, el centro está habilitado por Senasa, registrado en la Sociedad Rural Argentina y también participa en operaciones de importación y exportación de material genético.
“Desde los inicios nuestro interés está puesto en el conocimiento de la especie y en el desarrollo de genética para el rodeo ganadero, siempre orientado al doble propósito”, explicó Silva en diálogo con Bichos de Campo. El trabajo comprende las razas Murrah, Mediterránea y Jafarabadi, con especial atención a la producción tanto de carne como leche.
Para Silva, uno de los principales desafíos de la ganadería bubalina argentina es avanzar en la selección de reproductores con información confiable y trazable sobre su origen y desempeño. “Cuando vos estás comprando, estás comprando como una caja muy bonita, con un moño gigante, pero no tiene contenido”, graficó. La falta de información sobre padres y madres, advirtió, puede favorecer la consanguinidad y limitar la incorporación de nuevas líneas genéticas.
En la raza Mediterránea, la incorporación de semen homologado proveniente de Italia permite acceder a reproductores con antecedentes registrados. Para las razas Murrah y Jafarabadi, en tanto, el mejoramiento requiere un trabajo sostenido de absorción y selección. La cabaña cuenta con animales puros y procura transmitir sus características productivas a las nuevas generaciones.
El proceso incluye inseminación artificial, tanto en estación como a contraestación de los períodos habituales de reproducción, mediante protocolos específicos. Como las búfalas son estacionales y suelen entrar en celo durante el otoño, la planificación reproductiva resulta central para organizar el trabajo.
La selección no se limita a la apariencia de los animales. “Lo primero, antes que nada, tiene que ser una búfala productiva”, sostuvo Silva. Esto implica lograr un bucerro por año, mantener una buena capacidad de producción de carne y obtener leche, al tiempo que se mejoran los rasgos fenotípicos de cada raza.
En lo que refiere a la raza Mediterránea, el trabajo pone especial atención en los aplomos y las ubres, por su relación con las aptitudes lecheras. En cuanto a la raza Murrah también se evalúan los cuernos, las líneas dorsales y la conformación de los miembros. El objetivo es conservar el doble propósito sin descuidar las características propias de cada raza.
Aunque la producción de carne tiene un lugar consolidado, Silva considera que el potencial lechero del búfalo todavía está poco desarrollado en Argentina. La actividad exige infraestructura, equipos de ordeño y personal capacitado, condiciones que pueden dificultar su expansión.
En su establecimiento, realizan controles lecheros con la participación de la cátedra de Tecnología de los Alimentos de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), que releva la producción. Algunas búfalas cuentan con registros desde hace una década, información que permite evaluar sus características y la capacidad de transmitirlas a la descendencia.
“Me gusta darle todos los datos posibles al cliente”, remarcó. Si un productor busca incorporar genética para lechería, por ejemplo, puede conocer los antecedentes de la madre de un reproductor, su peso al nacer y su desempeño productivo.
En cuanto a la crianza, Silva explicó que procura que los bucerros comiencen a consumir alimento sólido desde los primeros días, sin interrumpir la lactancia. De esa manera, busca favorecer su desarrollo y lograr que se conviertan antes en rumiantes.
A la selección genética se suma una forma particular de trabajar con los animales. Silva no sólo está a cargo del establecimiento sino que también es adiestradora de búfalos: amansa reproductores y lecheras, y prepara ejemplares para exposiciones.
“El búfalo no es una vaca”, aseveró al referirse a la necesidad de revisar prácticas tradicionales de manejo. Para Silva, el trato debe ser tranquilo, silencioso y sin golpes. Conseguir un rodeo manso requiere tiempo y, sobre todo, un cambio de mentalidad por parte del productor.
Aunque reconoce la rusticidad de la especie, advierte que esa característica no debe llevar a descuidar los controles sanitarios, un punto que considera fundamental. Su establecimiento se mantiene libre de brucelosis y tuberculosis desde hace años.
En 2018, Silva participó del regreso del búfalo a la Exposición Rural de Palermo, una vidriera que considera ineludible para dar a conocer las características de la especie y ampliar las oportunidades comerciales. A diez años del inicio de la cabaña, Silva observa un interés creciente y sostenido, especialmente entre pequeños y medianos productores de Corrientes, Formosa y Misiones.
“Muchos se acercan para adquirir reproductores o pajuelas de semen, tanto de sus propios animales como de genética importada”, aseguró. La posibilidad de conocer personalmente los ejemplares es, según explicó, una ventaja frente a la compra basada únicamente en catálogos: los interesados pueden observar los animales, conocer a sus madres y consultar sus antecedentes.
La productora también destacó el valor de los encuentros sectoriales, como el Congreso Internacional Bubalino y la Exposición Búfalos del Iberá, realizados recientemente en Ituzaingó. A su entender, estas iniciativas contribuyen a sacar a la ganadería bubalina de un lugar secundario y a mostrar su potencial.
“Al búfalo hay que visualizarlo, porque me da la impresión de que estuvo escondido siempre”, reflexionó. Por eso, su presencia en exposiciones no responde solamente a la promoción de su negocio, sino también a la difusión de la carne, la leche y sus derivados. “Estamos haciendo una gran publicidad a los que venden carne y productos lácteos”, señaló. Aunque su actividad se concentra en el material genético y los reproductores, entiende que el crecimiento de toda la cadena depende de que más personas conozcan las posibilidades de la especie.
Como cierre, desde Bichos de Campo consultamos a Silva sobre el futuro que le augura a la producción bubalina en el país. “Yo creo que va a crecer por una cuestión simplemente lógica de lo que es el animal en sí mismo. Todo el crecimiento del búfalo siempre depende de que no haya personas que pongan trabas al crecimiento personal y general, no solamente del animal, sino de los productores”, concluyó.
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