Las razones de Bunge: Los detalles detrás del cierre de la planta de Campana donde la multinacional producía un popular fertilizante líquido
De una parada programada por mantenimiento al anuncio de cierre en cuestión de horas. Así describieron los representantes gremiales y trabajadores de la planta de Bunge en Campana la decisión de la compañía de discontinuar la producción y dejar afuera a sus trabajadores. Según denunciaron, la empresa les atribuyó la medida a los costos industriales
De una parada programada por mantenimiento al anuncio de cierre en cuestión de horas. Así describieron los representantes gremiales y trabajadores de la planta de Bunge en Campana la decisión de la compañía de discontinuar la producción y dejar afuera a sus trabajadores.
Según denunciaron, la empresa les atribuyó la medida a los costos industriales y a la competencia de productos importados. La fábrica elaboraba tiosulfato de amonio, un fertilizante líquido comercializado bajo la marca SolMix, y también producía amoníaco para abastecer ese proceso y vender los excedentes a terceros.
“Nos enteramos ayer, a las cinco de la tarde, a través de una comunicación de un gerente de Recursos Humanos de Bunge, avisándonos que discontinuaban la producción en la planta de Campana”, contó Leandro Straschenco, secretario gremial del sindicato químico a Bichos de Campo. Según relató, en esa misma comunicación les informaron que retirarían al personal que se encontraba en las instalaciones y que los trabajadores de los siguientes turnos ya no podrían ingresar. Desde anoche, los trabajadores se encuentran acampando en la puerta de la fábrica, a la espera de respuestas.
La noticia llegó cuando la planta llevaba aproximadamente un mes y medio detenida por una parada programada de mantenimiento. Para los trabajadores, se trataba de una intervención habitual en una instalación industrial, destinada a revisar y reparar equipos. De acuerdo con Straschenco, los trabajos estaban cerca de completarse e incluían inversiones en algunos equipos.
“Nos cayó como un balde de agua fría”, resumió el dirigente gremial. Y explicó por qué la decisión los tomó por sorpresa. “Una empresa tan grande, con la que nunca hubo un drama, había hecho ya el 90 por ciento de la parada de planta, con una inversión que hicieron en algunos equipos”.
Pero la explicación que recibieron de la compañía fue otra. Según Straschenco, desde Recursos Humanos les dijeron que la producción ya no resultaba competitiva frente a los productos importados, en particular los provenientes de China. A eso se sumaban los costos fijos de la operación y las dificultades para conseguir una materia prima fundamental para el proceso industrial.
“Lo que aducen es que no pueden competir con los productos chinos, que hoy está tan complicado. Ellos usan azufre como parte de las materias primas, y está complicado conseguirlo por el tema de la guerra, por los precios. Después, los costos fijos hacen inviable la planta con respecto a las importaciones”, explicó.
El secretario gremial sostuvo que la relación con la empresa había sido buena hasta el anuncio y que el sindicato había mantenido una interlocución normal con sus representantes. “El gremio tiene buena relación. Es una empresa que firmó la paritaria a principio de año con todas las demás, sin ningún problema”, señaló. Por eso, consideró que la decisión había llegado desde los niveles superiores de la compañía. “Se ve que esto vino de arriba, que el directorio de Bunge decidió esto”.
Claudio Román, delegado general de la planta en cuestión, aportó más detalles sobre cómo se desarrollaron las horas previas al anuncio. Según su reconstrucción, las dificultades para conseguir azufre habían llevado a la empresa a evaluar una extensión de la parada de mantenimiento, mientras buscaba un proveedor alternativo. Los trabajadores entendían que contaban con un plazo para resolver ese problema y retomar la actividad.
“Como no tenían azufre, iban a hacer una parada de planta. En vez de hacerla en 12 horas, la iban a hacer en ocho, porque tenían tiempo. Tenían entre 60 y 90 días para conseguir un proveedor de azufre”, relató Román.
Sin embargo, mientras los empleados avanzaban con las tareas de mantenimiento, llegó una comunicación que cambió por completo el escenario. “Hicimos la parada de planta, estábamos reparando los equipos y, de un día para el otro, hicieron una reunión y de cero a cien vinieron a notificar que la planta no era rentable, que la planta cerraba”, contó.
Román agregó que, durante esa reunión, los representantes de la compañía les indicaron que debían seguir los trámites de liquidación escaneando un código QR. Según su testimonio, después de comunicar la decisión les impidieron continuar con sus tareas y colocaron un candado en el portón de acceso.
La sorpresa, aseguró, no se debió solamente al cierre, sino también a la falta de información sobre los motivos y las alternativas que había evaluado la empresa. “Nunca hicieron nada, nunca expusieron un problema, nunca nada. Esto fue de cero a cien”, insistió.
La decisión afecta a una instalación cuya actividad actual es diferente de la que tuvo años atrás. Straschenco recordó que la planta había producido urea hasta 2017, cuando atravesó una reestructuración y esa línea de producción dejó de funcionar.
Román precisó qué se fabricaba en Campana al momento de la decisión de Bunge. “Nosotros acá fabricamos el tiosulfato de amonio, el TSA, que sería la marca comercial SolMix, que es un fertilizante líquido”, explicó.
Para producirlo, la planta necesitaba amoníaco, que también comercializaba cuando había excedentes. “El amoníaco lo necesitamos como materia prima para la planta de TSA y el excedente se vende. Si alguien viene y pide un camión de amoníaco, se lo venden, no hay problema”, detalló el delegado.
El dirigente también distinguió la fabricación de fertilizantes de las operaciones de almacenamiento y distribución que Bunge desarrolla en otras instalaciones. En Ramallo, según explicó, se almacenan productos que luego se comercializan de acuerdo con la demanda. La producción de tiosulfato de amonio, en cambio, se realizaba en Campana.
La precisión es importante porque el cierre no implica necesariamente que Bunge abandone la comercialización de urea ni el negocio de fertilizantes. Lo que los trabajadores describen es la interrupción de una actividad industrial concreta, que incluía la fabricación de SolMix y la producción de amoníaco para abastecer ese proceso y atender a otros compradores.
Román aseguró que la planta mantenía un nivel importante de actividad comercial antes de la parada de mantenimiento. Durante la temporada alta, según su estimación, salían entre 40 y 50 camiones diarios de SolMix. También mencionó despachos de amoníaco, con uno o dos camiones por día, y operaciones vinculadas con las exportaciones a Uruguay.
“Acá es importante la producción, es importante el impacto que tiene esto”, sostuvo el delegado, al describir el movimiento que registraba la instalación.
La compañía, de acuerdo con los testimonios, consideró que los costos de los insumos y la competencia de las importaciones habían vuelto inviable la operación. Sin embargo, al momento de la entrevista, los trabajadores aseguraban que no contaban con información suficiente para conocer en detalle la decisión ni para determinar qué ocurriría con la producción que hasta entonces se realizaba en Campana.
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Consultados por este medio, la empresa no emitió comunicado ni explicación oficial sobre el repentino cierre de la planta. Por el momento, estos testimonios permiten reconstruir la explicación que recibieron los empleados, aunque no determinar qué peso tuvo cada uno de esos factores en la decisión final de la compañía.
La decisión también abrió un conflicto laboral. Straschenco calculó que la planta tenía entre 135 y 137 trabajadores directos, incluidos operarios, jefes y personal jerárquico. A esa dotación se suman los servicios tercerizados, entre ellos seguridad, comedor y otras tareas contratadas por la empresa. “Son 250 personas más o menos”, estimó el dirigente, al considerar el impacto directo e indirecto que podría tener la medida.
Según explicó, al momento de la entrevista los telegramas de despido todavía no habían llegado, aunque la empresa les había anticipado que serían enviados. Frente a esa situación, el sindicato presentó una denuncia ante la delegación Campana del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, rechazó los despidos y pidió la reapertura de la planta.
La organización gremial espera una audiencia con la empresa para obtener precisiones sobre la decisión y discutir los pasos a seguir. “La gente acá lo que está queriendo revertir es la situación, porque quieren los puestos de trabajo, no quieren otra cosa”, afirmó Román.
También advirtió que mantener una planta detenida, sin producción y sin una definición sobre su futuro, tiene costos para la propia compañía. Por eso, el gremio apuesta a que la intervención del Ministerio de Trabajo abra una instancia para revisar la medida.
“Si de última lo que ellos expresan tiene sentido y es verdad, nos vamos a preocupar todos. Ahora, en este momento, no sabemos qué están haciendo o qué quieren hacer”, concluyó Román.
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