Mariano Galíndez es uno de los periodistas que mejor entiende el mercado argentino de granos y sus actores: Por eso puede afirmar que “el productor tiene que seguir madurando comercialmente para protegerse”
Hay productores agropecuarios muy capaces de discutir una dosis de fertilizante, una fecha de siembra o la última innovación en maquinaria con un nivel de detalle admirable. Pero que hacen agua cuando hay que cerrar el negocio o analizar el trasfondo del mercado de granos. Lo mismo nos suele pasar a los periodistas agropecuarios. Pero
Hay productores agropecuarios muy capaces de discutir una dosis de fertilizante, una fecha de siembra o la última innovación en maquinaria con un nivel de detalle admirable. Pero que hacen agua cuando hay que cerrar el negocio o analizar el trasfondo del mercado de granos.
Lo mismo nos suele pasar a los periodistas agropecuarios. Pero por suerte lo tenemos a Mariano.
Mariano Galíndez es un periodista económico rosarino que se ha convertido en un profundo conocedor del mercado de granos argentino y de todos sus personajes. Galíndez lleva más de dos décadas observando ese mundo desde un lugar privilegiado. Su diagnóstico es que, aunque los productores (y algunos periodistas) mejoraron bastante en entender ese micromundo, todavía necesitan de subtítulos para decidirse a utilziar las herramientas disponibles para defender el precio de su producción y, también, para evitarse disgustos.
“El productor está más capacitado y se defiende mejor”, dijo Galíndez a Bichos de Campo. Pero enseguida agregó: “¿Le saca todo el jugo? No, no, no”.
Mirá la entrevista:
Su vínculo con ese universo comenzó casi de casualidad. Galíndez estudió periodismo y, en paralelo, ciencia política. Allí descubrió una materia que terminaría ordenando buena parte de su carrera: la economía.
“Me llamó mucho la atención cómo los factores económicos terminan marcando el ritmo de la política. Cuando menos creemos que están, ahí están”, recordó.
A fines de los años 90 consiguió trabajo en El Ciudadano, un diario rosarino que buscaba competir con el tradicional La Capital. Cuando los jefes preguntaron quién quería ocuparse de Economía, prácticamente quedó solo.
Aquello que para otros podía ser una sección incómoda terminó convirtiéndose en una oportunidad. “Al ser uno solo al que le interesaban esos temas, podía tener relación directa con los jefes y los directores”, recordó.
Al caerse el principal candidato en quedarse con el #Belgrano Cargas, usuarios del sistema ferroviario ahora sostienen que el gobierno debería postergar apertura de ofertas (incluso con algún retoque de pliego) para que empresas interesadas puedan redondar una oferta. En ese marco, #cerealeas van por un entendimiento con las mineras (que tienen sus operadoras ferroviarias) para complementar intereses (y líneas) en una propuesta conjunta.
— Mariano Galíndez (@GalindezM3) October 22, 2026
Y en Rosario hablar de economía tarde o temprano significa hablar del agro. No porque sea la única actividad de una economía regional mucho más diversificada, bastante industrial incluso. Pero allá el campo derrama sobre muchos otros sectores. Desde el mercado inmobiliario y la gastronomía hasta los autos, la maquinaria y el comercio, últimamente la soja mueve casi todo.
Galíndez lo entendió con claridad después de la crisis de 2001. Mientras buena parte de las grandes ciudades todavía estaba sumergida en el relato de la debacle, en los pueblos agroindustriales comenzaban a aparecer las primeras señales de recuperación.
Pero hubo otro lugar que terminó de formarlo: la Bolsa de Comercio de Rosario. Galíndez pasó allí un período trabajando en el área de prensa y pudo asomarse desde adentro a un universo que, por aquellos años, era muchísimo más cerrado que ahora.
“Antes no sabíamos mucho lo que pasaba”, confesó el periodista que después podría analizar con claridad muchas de las crisis, como la de Vicentín o la de los correacopios.
Aunque parezca un contrasentido, a principios del milenio el principal mercado de granos de la Argentina funcionaba con información muy concentrada, corredores que cuidaban sus datos y grandes compradores poco acostumbrados a hablar públicamente. “Era impensado encontrarte con algún gerente de una multinacional que se pusiera a hablar con vos. Eso que pasa hoy era impensado en el 2000”, recordó Mariano.
Esa experiencia le hizo ver algo que luego se convirtió en uno de sus principales temas como periodista: para el productor, producir bien no alcanza. “Acá pasan cosas importantes. En el comercio se dirime el precio”, afirmó.
Galíndez cree que la combinación entre las bolsas, las nuevas generaciones, una mayor disponibilidad de información y las nuevas tecnologías permitió democratizar bastante aquel mercado cerrado. Hoy cualquier productor puede acceder a cotizaciones, capacitarse y conocer estrategias que hace algunas décadas estaban reservadas a los especialistas. Los famosos put y call.
Sin embargo, sostiene que todavía falta más conocimiento entre los productores para poder aprovecharlas.
Para explicarlo usa la imagen de un control remoto lleno de botones. Muchos productores dejaron atrás el simple “on-off”, pero todavía utilizan solo algunas de las funciones disponibles.
“Hay muchas más estrategias para cubrirse de precio, para aprovechar el mejor precio y también de hacer fuerza para que las cosas que pasan en el mercado sean equilibradas”, señaló el periodista especializado, que luego pasó muchos años en la publicación especializada Punto Biz y ahora integra las filas del grupo Rosario 3. Sus columnas semanales con el Run Run de los negocios son uno de los imperdibles en Rosario.
Para Mariano, no es real que cada productor deba convertirse en un trader, pero sí tiene que “entender los procesos comerciales y su impacto en el precio de venta final”.
La advertencia de Galíndez no se limita a conseguir algunos dólares más por tonelada. También apunta a algo bastante más delicado: saber con quién se hacen negocios. Es que en los últimos años vió a productores perder mucho dinero en empresas que, según afirma, no resistían siquiera un análisis básico.
“No quiero poner en cabeza de la víctima el problema, porque lo cagaron, porque lo estafaron”, aclaró. Tampoco mete a todas las empresas que tuvieron problemas en la misma bolsa: algunas pudieron sucumbir por malas campañas, cambios de reglas o la inestabilidad argentina.
Pero otras ofrecían claras señales de alarma. “Muchos de los que cayeron, y sobre todo los que agarraron a mucha gente de los más chicos, no resistían un análisis serio”, repitió.
Para evitar estos fiascos al estilo Vicentin, aclara el periodist, no hacía falta contratar a un banco de inversión para auditar balances. A veces alcanzaba con mirar un poco más. “A veces te dicen que manejan una cantidad enorme de granos y vos vas a recorrer la planta y no entra un camión”, relató.
Por eso, después de más de dos décadas siguiendo negocios, empresas, mercados y rumores desde Rosario, Galíndez insiste con una asignatura que considera todavía pendiente. “El productor tiene que seguir madurando comercialmente para protegerse”.
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