Más carne con el mismo rodeo: el desafío forrajero que define a la ganadería que viene
En el marco del Especial Forrajes de Infocampo, Eloisa Pimienta, gerente técnica de Barenbrug, afirma que la clave no está en sumar cabezas, sino en producir más y mejor pasto: “El principal cuello de botella no es genético ni sanitario, sino forrajero”.
Desde hace más de medio siglo, la producción de carne vacuna en Argentina se mueve en una meseta incómoda.
El stock bovino se mantiene estable, con vaivenes coyunturales, pero sin un crecimiento estructural que permita dar un salto en volumen.
Para Eloisa Pimienta, ingeniera agrónoma y gerente del área técnica de Barenbrug, el diagnóstico es claro: “El principal cuello de botella no es genético ni sanitario, sino forrajero”.
En diálogo con Infocampo, en el marco del Especial Forrajes, la especialista plantea que la ganadería necesita acelerar la recría, mejorar la eficiencia por hectárea y volver a poner al pasto en el centro del sistema productivo.
EL DESAFÍO FORRAJERO DE LA GANADERÍA
-¿Cómo se puede aumentar la producción de carne sin incrementar el número de cabezas?
-La ganadería argentina arrastra un problema estructural desde hace décadas: producimos prácticamente la misma cantidad de carne con el mismo stock. Eso indica que el límite no está en la cantidad de animales, sino en cómo los producimos. El gran cuello de botella es forrajero y de eficiencia del sistema. La recría, que es una etapa clave porque define gran parte del peso final del animal, se sustenta mayoritariamente en campo natural, con alta estacionalidad y ganancias de peso bajas o inestables. Eso alarga los ciclos productivos, aumenta los días por animal y reduce la producción de carne por hectárea. Si logramos mejorar la oferta y la calidad del forraje, especialmente en recría, podemos producir más kilos de carne con el mismo rodeo y el mismo campo.
-¿Cuáles son las principales limitantes del uso de campo natural?
– El campo natural tiene limitantes muy claras. Por un lado, la estacionalidad: concentra la mayor producción de forraje en primavera y verano, y tiene un crecimiento muy bajo o nulo en invierno. Eso dificulta sostener cargas y ganancias de peso estables durante todo el año. A eso se suma una gran variabilidad nutricional, que depende de la estación y de la composición botánica, lo que muchas veces obliga a suplementar para sostener buenos niveles productivos. Además, cuando se lo compara con pasturas implantadas bien manejadas, el potencial productivo es mucho menor. En buenas condiciones, una pastura puede producir el doble o más de biomasa que un campo natural, lo que abre otra escala de eficiencia.
Ver esta publicación en Instagram
-¿Por qué la siembra de pasturas aporta a la sustentabilidad productiva y económica de los sistemas ganaderos?
-Porque el verdadero cambio en ganadería se logra con más pasto y mejor pasto. No se trata de sumar animales, sino de mejorar la base forrajera, acelerar la recría y aumentar los kilos producidos por hectárea. Las pasturas bien diseñadas, con mezclas de gramíneas y leguminosas, producen más forraje utilizable y de mejor calidad. Tienen mayor digestibilidad y proteína, lo que se traduce en ganancias de peso más rápidas y eficientes. Además, permiten equilibrar mejor la estacionalidad, reduciendo los baches críticos, y disminuyen la necesidad de suplementación. Hay que recordar que entre el 70 y el 80% del costo del kilo producido está en el alimento, y el pasto bien manejado sigue siendo el insumo más barato del sistema.
RESULTADOS PRODUCTIVOS EN RECRÍA
Con pasturas perennes bien manejadas, la recría deja de ser una etapa lenta y se transforma en una verdadera palanca productiva.
“No buscamos picos aislados, sino sistemas estables que produzcan kilos todos los años”, resume Pimienta, quien destaca que los resultados ya están validados en numerosos planteos y ensayos.
-¿Qué resultados productivos se logran en recría sobre pasturas bien manejadas?
-En sistemas pastoriles bien armados, una ganancia individual promedio de entre 0,6 y 0,9 kilos por cabeza por día es totalmente alcanzable a lo largo del año, especialmente cuando hay inviernos marcados y no toda la superficie es de máxima calidad. En planteos más intensificados, con manejo rotativo ajustado, buena fertilidad y alta oferta de forraje, se pueden lograr picos de 0,9 a 1,1 kilos por día en primavera y verano. En términos de producción por hectárea, las pasturas perennes bien manejadas permiten producir entre 180 y 300 kilos de carne por hectárea por año, y en sistemas mejorados, combinadas con verdeos estratégicos, ese número puede subir a 300–500 kilos. Experiencias en la Cuenca del Salado (INTA-Chascomús) muestran que, bajo pasturas de alto rendimiento y manejo forrajero intensivo, es posible sostener producciones de carne de 500–800 kg/ha/año.
-¿Esta campaña es una oportunidad para avanzar hacia sistemas más intensificados en base a pasturas?
-Claramente sí. El contexto acompaña: estamos en una fase favorable del ciclo ganadero, con precios firmes y una mayor tracción exportadora. A esto se suma un escenario climático que, sin ser determinante, plantea buenas perspectivas para la producción forrajera, especialmente de cara a la implantación y recuperación de pasturas. A eso se suma una buena oferta de semillas forrajeras, que permite diseñar sistemas más estables y eficientes. Hoy el desafío ya no es producir más a cualquier costo, sino producir mejor: sistemas pastoriles capaces de transformar pasto en carne de manera eficiente y estable, generando al mismo tiempo un impacto positivo en el suelo.
PLANTEOS QUE HOY MARCAN LA AGENDA
Las consultas técnicas reflejan un cambio de enfoque. “Los productores buscan previsibilidad y eficiencia, no soluciones coyunturales”, señala Pimienta, y remarca que la intensificación bien pensada aparece como denominador común.
-En este contexto favorable, ¿qué planteos productivos concentran hoy la mayor parte de las consultas técnicas?
-La demanda se concentra en sistemas lecheros, donde la estabilidad y la calidad del forraje son claves para bajar el costo de alimentación y donde cada kilo de materia seca producido a pasto impacta directamente en el margen del sistema. También crecen las consultas en planteos ganaderos de recría y ciclo completo, con foco en producir más kilos de carne por hectárea sin aumentar los costos. Otro eje recurrente es la recuperación de ambientes bajos o con limitantes, como suelos con anegamiento o salinidad, donde se buscan especies adaptadas para convertir áreas marginales en productivas. En paralelo, los cultivos de cobertura dejaron de ser solo una práctica agronómica y pasaron a ocupar un rol productivo, integrando de manera más eficiente la agricultura con la ganadería.
Pasturas 4.0: “Es el momento de capitalizar las lluvias con un manejo eficiente”
-¿Hacia dónde va la investigación de Barenbrug para fortalecer la base forrajera nacional?
-Nuestro trabajo está orientado a desarrollar y evaluar materiales adaptados a cada ambiente productivo. En zonas con limitantes, se priorizan rotaciones con verdeos y pasturas adaptadas —agropiros, festucas rústicas y lotus— además de la alternativa de alfalfas Barenbrug seleccionadas por su tolerancia a anegamiento y salinidad.En planteos de mayor nivel tecnológico, la alfalfa sigue siendo la reina del sistema, por su alta producción, calidad y aporte a la estabilidad del planteo. Como especies acompañantes, se destacan festucas y pastos ovillo, que aportan mayor volumen de forraje, mejor digestibilidad y contribuyen a equilibrar la oferta a lo largo del año. Así como, un portfolio amplio de raigrases con distintos ciclos de crecimiento. A eso se suma la tecnología BARPOWER, un tratamiento de semillas que mejora la implantación y la uniformidad, apuntando a lograr pasturas más productivas y persistentes.
PRODUCTOS, NOVEDADES Y EL ROL DE LOS CULTIVOS DE COBERTURA
La elección de especies y materiales es clave para traducir la intensificación en resultados concretos. “El productor busca seguridad forrajera y eficiencia económica”, afirma Pimienta.
-¿Cuáles son los productos de Barenbrug más demandados por los productores?
-La alfalfa, la festuca y los raigrases siguen siendo la base de la mayoría de los sistemas ganaderos y lecheros. La alfalfa se destaca por su alto potencial productivo, su aporte de proteína y su persistencia. La festuca aporta estabilidad y adaptación a ambientes templados y marginales, mientras que los raigrases ofrecen rapidez de implantación y alta calidad forrajera.
-¿Y si tenemos que hablar de novedades?
-En cuanto a novedades, estamos lanzando materiales como la cebada Guadalupe INTA y el triticale Justo, pensados para verdeos y cultivos de servicio multipropósito, y próximamente una nueva festuca de tipo continental, de ciclo largo que permite extender la oferta de forraje en primavera, un momento clave para los sistemas ganaderos. La ganadería argentina enfrenta una oportunidad estratégica: dejar atrás la lógica del estancamiento y avanzar hacia sistemas más eficientes, estables y sustentables. Como plantea Eloisa Pimienta, el futuro no pasa por tener más animales, sino por producir más kilos de carne por hectárea, con mejores pasturas y mejor manejo. En ese camino, el pasto vuelve a ocupar el lugar central como el insumo más barato, más estratégico y más determinante para construir una ganadería de largo plazo.
Seguir leyendo








