“Se ve al INTA como un gran gasto, sin terminar de comprender cuál es su impacto en la producción”
Andrea Sarnari, presidenta de Federación Agraria Argentina, relata en profundidad cómo está la situación del INTA. La demora en designar el Consejo Directivo, el debate por las hectáreas en "desuso" y la necesidad de "reacomodar" las líneas de investigación.
Si bien el triunfo de Javier Milei en las elecciones de 2023 marcó el rumbo de lo que sería una presidencia signada por el reordenamiento macroeconómico y la aplicación de la mentada “motosierra”, el paso de la misma no arrancó inmediatamente en todas las áreas del Estado.
En el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), técnicos y directivos de las distintas regiones del país mantuvieron la guardia en alto desde la asunción del primer encargado del área de la administración libertaria, Fernando Vilella.
En su primera aparición pública como tal, pero antes de ser nombrado, marcó el rumbo de lo que vendría después: “En el INTA hay que generar un programa de trabajo, y en mi manera de ver, la extensión es un área en la que tenemos que trabajar mucho, que atienda a los objetivos originarios del INTA”. Era diciembre de 2023.
Por eso, además de los “objetivos originarios” que mencionó, sostuvo: “Hay otros que se fueron mezclando en el tiempo, que tienen que ver más con la acción social que con la producción o la tecnología agropecuaria. Esa es una discusión que hay que dar”, calificó.
EL INTA EN LA ERA MILEI
En aquellos tiempos se decidió que la conducción del Instituto quede en manos de Juan Cruz Molina Hafford y María Beatriz Giraudo. El primero renunció a su cargo en octubre de 2024. La segunda, se mantuvo como vicepresidenta del actual presidente, Nicolás Bronzovich, hasta que en julio del año pasado pasó a presidir el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Tal vez como un acto de blindaje, o al menos un intento, en los días de la salida de Molina Hafford desde algunas regionales del país apelaron a mostrar “lo suyo” y su contribución al entramado productivo de cada zona.
Un reporte de este medio en algunas Estaciones Experimentales de Mendoza y San Juan fue una muestra de ello, donde las conducciones locales buscaron mostrar la sinergia activa y real entre la investigación estatal y las inversiones privadas.
Lo mismo se vio en Expoagro, en Buenos Aires, o en Agronea, en Chaco: técnicos al mando de las investigaciones en genética zona por zona y reconocidos por la industria, pero a su vez visiblemente inquietos por una situación de fragilidad laboral.
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En diciembre pasado, el director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA, Claudio Galmarini, lo remarcó ante el portal de noticias Campo Andino.
Sostuvo que “el mayor impacto se siente por el lado de los recursos humanos”, y que la regional que comanda se vio condicionada “fuertemente” ante “la imposibilidad de reponer las vacantes que se dan por jubilaciones o por renuncias”.
También habló de las bajas que se dieron por programas de retiros voluntarios. “A nivel nacional, nuestra planta de personal disminuyó en alrededor del 18%, y a nivel regional estamos más o menos en ese orden, en torno al 16% promedio, con diferencias entre estaciones experimentales. Esto, claramente, restringe nuestra capacidad de dar respuesta a las demandas que tenemos desde el sector agropecuario y agroindustrial”, remarcó ante ese medio.
EL INTA EN LA CASA ROSADA
También a fines de 2024, desde la Casa Rosada el entonces portavoz presidencial Manuel Adorni señaló en una de sus conferencias de prensa que brindaba a diario: “(El INTA) es un organismo fundamental para el desarrollo del campo argentino, cuyos objetivos fueron lamentablemente desvirtuados por la gestión anterior. Desde 2007 el INTA se enfocó en temas que nada tenían que ver con lo agrícola, como las cuestiones de género, los falsos mapuches y la agricultura familiar”.
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“De las 116.000 hectáreas que tiene el INTA entre todos sus predios y propiedades, solo 45.000 se usan para experimentación con fines comerciales y productivos. También se van a dar de baja los 227 ingresos que se hicieron el año pasado y que deberían haberse suspendido en enero, y se va a poner a disposición el predio del ente estatal en Cerrillos, Salta”, apuntó Adorni.
Y sumó: “Confiamos en que efectivamente su Consejo Directivo está a favor de tener un INTA que funcione para los fines que efectivamente fue pensado y no para lo que se lo ha utilizado últimamente. Se terminó el uso de los organismos públicos como máquina para financiar el despilfarro de la vieja política. Ninguna oficina estatal tiene derecho a extirpar la riqueza a los argentino”.
En otro capítulo de la trascendencia de la temática en el agro y la repercusión que presenta puertas adentro del espacio libertario, este medio reconstruyó lo que fue la visita de la vicepresidenta de la Nación Victoria Villarruel a la última edición de Expoagro. Y si bien no recorrió, buscó una “foto política” en San Nicolás en apoyo a las conducciones regionales del INTA.
“Me interesa mucho lo que hacen, todo sea por Argentina”, dijo la vicepresidenta, y posó para las cámaras con una gorra del Instituto. “Gracias por poner en alto el nombre de Argentina”, agregó antes de irse del predio.
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EL INTA Y EL AGRO
Ante el evidente tironeo entre partes, las reformas y los cambios impulsados por el Presidente Milei en el INTA son un punto incómodo entre las entidades de la Mesa de Enlace, un espacio desde el cual habitualmente se aprueba el rumbo económico que propone La Libertad Avanza. Pero, a la vez, las mismas entidades también habitúan comunicar su apoyo al INTA y un pedido al Gobierno de que atempere el recorte allí.
En Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) están a la espera de que el Gobierno nombre vía Boletín Oficial a un consejero de los tres que propuso la entidad. “Los pasos legales ya están dados y solo queda esperar el nombramiento”, explicaron desde CRA.
En Coninagro, a su vez, el presidente Lucas Magnano dijo que “el INTA nunca va a dejar de tener la importancia y la preponderancia que tiene que tener”.
“Por supuesto que queremos que funcione mejor. Pero hoy se están censando las diferentes regiones para tener un análisis de primera mano, y no desde un informe en casa central. Seguramente después de esto intuyo que vamos a tener una instancia de reuniones”, explicó.
En tanto que Andrea Sarnari, presidenta de la Federación Agraria Argentina (FAA), fue quien más se prestó a un diálogo profundo sobre este tema, en una entrevista con Infocampo en la que repasó algunos puntos centrales para el desarrollo de los cambios en lo que será este año para el INTA.
-Luego de un tiempo prolongado con el Instituto en el centro del debate, ¿qué observan desde Federación Agraria Argentina al respecto?
-Hay un movimiento mucho más medido de las cosas, hay más diálogo en el Consejo Directivo, pero todavía no está terminado de conformarse porque faltan dos designaciones. Y eso sí nos preocupa porque todavía no está CRA sentada allí pese a que ya se presentó la terna de candidatos propios, ni tampoco la Facultad de Veterinarias de la UBA. Ambas designaciones dependen del Poder Ejecutivo y se necesitan porque el año pasado habían vencido los mandatos, pero eso es por un lado.
-¿Y por el otro?
-Si bien el funcionamiento hasta ahora viene siendo más dialoguista, y se quiere avanzar sobre la reestructuración y hay frenos y contra frenos, y que en la última reunión de Consejo Directivo se tomaron decisiones, lo que nosotros estamos tratando de hacer y hasta ahora va funcionando es no tomar medidas drásticas sin previa evaluación y sin consenso de los actores. Estamos insistiendo mucho desde el sector privado con el consenso con el territorio, de que no se tomen las decisiones ni siquiera en el consejo directivo sin previa consulta, aunque por supuesto que las tome, pero que haya previa consulta a los consejos regionales.
Andrea Sarnari, presidenta de la Federación Agraria.
-¿Por ejemplo?
-Las decisiones generalmente se tomaban en el consejo directivo con alguna previa consulta, pero hoy, por ejemplo, todo lo que es auditorías de cada uno de los centros regionales los hace el INTA central, pero también estamos buscando el aporte de cada uno de los consejos regionales porque hay temas muy sensibles, por ejemplo, tierras.
-¿De cuánto es la superficie que contemplan?
-De las que manifestó el Gobierno que estaban en desuso, luego de un trabajo muy fino que se hizo con el Consejo Directivo a través de sus consejeros en los centros regionales buscando cuáles eran las tierras que supuestamente estaban improductivas. Bueno, de eso se acotó a 11.000 hectáreas que todavía no es que son improductivas, sino que están aún sin registrar sus usos puntuales. En la última reunión del Consejo Directivo que fue hace 10 días se decidió que cada centro regional mande una evaluación de las tierras que tienen con sus usos correspondientes.
-¿Pero saben de dónde salió esa estimación?
-No, eso fue hace un año atrás y nunca hubo definición concreta de qué eran esas hectáreas. Se decía un número global y se hablaba de la Patagonia, de Pergamino, pero nunca hubo un mapa o un informe, ni una definición concreta, ni un listado. En concreto son 11.000 que están en observación, diría yo. No queremos alimentar fantasmas donde no los hay, aunque sí estamos muy atentos a lo que se está haciendo con el relevamiento de territorios.
-¿Cuándo deberían estar nombrados los representantes que faltan?
-Para la próxima reunión de consejo directivo que falta casi un mes tendrían que estar porque ya tenían que haber estado para la última, y no lo estuvieron. Falta solamente el decreto que los designe y aún no está. Que falten esas dos personas no invalida ningún proceso porque igual está conformado con los que están e incluso hay hasta paridad entre público y privado, porque hoy son cuatro y cuatro, pero estatutariamente deben ser cinco y cinco. Están presentadas las ternas y se hicieron todas las cuestiones administrativas que corresponden.
-¿Le toca representar a la entidad cuyos productores más acuden a las asesorías del INTA o es más homogéneo de lo que se cree, para todas las entidades y escalas?
-Yo diría que terminamos todos en el INTA. El productor de la Federación Agraria que yo represento tiene un vínculo en Pampa Húmeda muy cotidiano con el técnico de INTA, acudimos mucho más allá de que haya mucha oferta privada. Pero por ejemplo en lo que es Patagonia, donde FAA no tiene representantes, porque los hay de CRA o Sociedad Rural Argentina (SRA), allí el productor tiene un vínculo muy directo y muy cerca con el INTA, y son productores de otra escala. Sí, en el lugar donde nuestros representados son más demandantes y casi exclusivos es en las economías regionales como el arroz, los cítricos, la vid, la fruticultura. Pero en términos generales todos terminamos en el INTA porque aún las empresas privadas que después asesoran a los productores más grandes terminan en la misma terminal, que es el INTA. Tal vez, la extensión está mucho más relacionada directamente con los más pequeños productores, pero en investigación, con todos.
-Y cuando desde las empresas de insumos se habla del INTA buscando que tenga una visión más extensionista y que desarrolle eso, ¿es un pedido genuino o hay interés de parte?
-No, yo creo que es un interés genuino, porque es muy valorado aún por las empresas privadas el desarrollo de extensión que se hace, porque nos sirve a todos que el INTA esté presente en el territorio y controlando extensión. Controlando, asesorando; mejorando, en resumen. Eso le sirve a todos, nos sirve a los productores porque mejoramos la producción y le sirve a las empresas por el control en el asesoramiento y además porque el INTA tiene una particularidad que no la tiene ninguna empresa, que es justamente su extensión, la territorialidad, lo que abarca, la cantidad. Entonces todos los diagnósticos que hace INTA siempre son muy valiosos por eso, porque tienen mucha diversidad puesta en el diagnóstico. Por eso digo siempre que nosotros como Mesa de Enlace tenemos un objetivo común, porque nos representa a todos. Porque todos terminamos en el INTA directa o indirectamente. Con cualquier ingeniero que hables, aún de una empresa privada, la terminal de consulta siempre es el INTA porque los ensayos más generales son los del Instituto. Es la ciencia más certera, las universidades públicas y privadas se nutren de ahí.
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-Ante esto, ¿por qué cree entonces que se puso al Instituto bajo la lupa?
-Yo entiendo que en realidad lo que sucede es que el Estado por parte del Gobierno Nacional está mirado como un todo, y es en ese todo y en una concepción ideológica por parte del Gobierno de que el Estado tiene que estar en retirada, y que no puede generar costos. Y no quiero generalizarlo, pero los costos para este Gobierno son casi todos gastos. Se ve al INTA como un gran gasto sin terminar de comprender cuál es el impacto en el desarrollo y en la producción que tiene un instituto de investigación que en realidad uno toma como una inversión porque eso tiene retorno, no directo, pero tiene un retorno productivo y de desarrollo en Argentina. Creo que eso no se vio desde el comienzo y se lo tomó como una unidad administrativa con costos elevados y con gastos altos. Eso por un lado.
-¿Y por el otro?
-Como en otras cosas, nos pasa con este Gobierno que lo que tiene alguna falla de funcionamiento ‘tiene que desaparecer’, y nosotros entendemos que lo que tiene fallas o tiene desperfectos, si funciona y sirve, hay que arreglarlo. El INTA es de eso que tiene fallas, tiene errores, tiene muchas cosas para corregir, pero sucedió que lo malo tapó a lo bueno en una decisión política. Y creo que eso sí ha sido un logro que hemos tenido las entidades a pesar de que fue al Congreso y tuvo que pasar por allí. Fue un logro de las entidades hacer comprender que el INTA es una herramienta que necesitamos.
-¿Qué pasará con las líneas de investigación?
-No es menor definir eso, que también se está trabajando ahora en el Consejo Nacional: hay más de 130 programas y no todos están activos ni tienen un objetivo claro ni están en funcionamiento. Eso sí hay que reacomodarlo. Los tiempos cambiaron.
-¿En qué lo ven?
-Los productores necesitamos de otro tipo de asesoramiento y necesitamos reconvertir esas líneas de investigación direccionadas al modelo de desarrollo que pretendemos. Eso para nosotros no es menor y menos para la Federación Agraria, donde uno de esos programas que está en juego es el de la Agricultura Familiar y la Pequeña Escala, que estamos tratando de reconvertirlo a una pequeña escala que sea útil para los productores más chicos.
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-¿Por qué están desactualizados esos programas?
-Porque se han superpuesto. Hay muchos programas que tienen objetivos o trabajos similares y se hacen en dos o tres programas diferentes. Entonces, se ha desfasado el trabajo y superpuesto y no ha sido volcado al territorio como corresponde, o no ha tenido utilidad. Y de esos hay varios. Hay que revisarlos a cada uno de ellos, pero además porque las épocas han cambiado y hoy el productor tiene que adaptar la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías que el INTA no ha podido todavía desarrollar o está en proceso de desarrollo, como lo están las empresas privadas también. Pero tiene que acelerar esos procesos porque los cambios tecnológicos son tan abruptos y tan rápidos que INTA necesita estar ágil en estos temas y se ha quedado un poco atrás.
-¿Por qué es importante puntualmente el programa de Agricultura Familiar?
-Porque la pequeña escala para nosotros es trascendente en el desarrollo rural en todo su sentido, en lo social y en lo productivo. Y cuando digo social es por lo que impacta en el territorio, en la regionalidad. Que el INTA esté presente con esos pequeños productores de pequeña escala que intentan tener una mayor y desarrollarse vuelve importante al asesoramiento técnico, y el único asesoramiento técnico es el INTA. Para la pequeña escala de economías regionales en algunos lugares el único que hace investigaciones y desarrollos es el INTA. No hay empresas privadas que vayan a invertir en cómo mejorar la genética de los cabritos en La Rioja, por ejemplo.








