Día de las Legumbres: tres casos productivos de otro sector con todo para explotar en Argentina
Productores de poroto en Salta, garbanzo en Córdoba y arveja en Buenos Aires relatan los pormenores del cultivo de legumbres. Las claves a tener en cuenta en lo agronómico y lo comercial, dentro de un mercado con demanda global creciente, pero muy distinto al de los commodities.
¿Por qué no consumirías algo si te dicen que es bueno para tu salud y organismo? ¿Hábito? ¿Cultura? ¿Sabor? ¿Fiaca de cocinarlo? ¿Desconocimiento?
Desde 2019, cada 10 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Legumbres para, según la ONU, reconocer la importancia nutricional y ambiental de alimentos como lentejas, arvejas, garbanzos y porotos.
Con esta excusa, en Infocampo decidimos celebrar esta fecha yendo al lote. ¿Qué dicen tres productores argentinos de distintas zonas del país sobre la producción de estos cultivos que constituyen una bomba nutricional, pero, al menos aquí, pocos consumen?
Entre otroas aspectos, vale recordar que tienen bajo contenido de grasa, no contienen colesterol, son ricas en aminoácidos y también en potasio, hierro y magnesio. Adempas, contienen grasas saludables y fibra soluble e insoluble. Son una buena fuente de proteína y pueden ser un sustituto saludable de la carne.
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Sin embargo, vale insistir, en Argentina se consumen poco y nada.
Y un dato adicional importante: en el campo, colaboran con la fijación de nitrógeno en el suelo.
PRODUCCIÓN Y CONSUMO MUNDIAL DE LEGUMBRES
El consumo mundial de legumbres promedia cerca de 8 kilos por persona al año, con una tendencia de crecimiento proyectada a 8,6 kg para 2033. El impulso viene por el auge de ingesta de proteínas vegetales.
India lidera el consumo mundial seguida de Brasil y México. El sur de Asia, el norte de África y Oriente Medio son las regiones clave para el consumo de legumbres. En Latinoamérica se destacan México y Brasil.
En Argentina, en tanto, se está muy lejos: la media es de apenas entre 700 y 800 gramos por persona al año, con lenteja y el poroto liderando.
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CASO 1: POROTOS EN SALTA
Mario Gerala (h) administrador de la empresa familiar Los Dos Ríos S.A. (segunda generación) produce en Salta, en los Departamentos de San Martín y Orán.
La superficie general es de 15.000 hectáreas, en tanto que la de poroto ronda las 10.000, mitad alubias (poroto blanco) y mitad de colores negro, colorado y cranberry.
“El poroto es el principal cultivo de verano y por la fecha de siembra y la humedad del suelo después de la cosecha, no se puede hacer un segundo cultivo en el mismo año”, explicó Gerala.
Y prosiguió: “Aunque a veces hacemos garbanzo como rotación después de una soja, porque la soja se siembra más temprano y cuando se cosecha, el suelo tiene cierta humedad que le permite al garbanzo desarrollarse”.
Dependiendo de la zona y el campo, un rendimiento normal oscila entre 1.200 kilos por hectárea (kg/ha) y 1.500 kg/ha, “pero el último año, en nuestro caso, estuvimos entre 900 y 1000 kg/ha”, dijo Gerala.
“Esto se debió a que, durante la fecha de siembra ideal, que normalmente es entre el 20 de febrero y 15 de marzo, llovió todo el periodo retrasando la siembra en su fecha óptima”, explicó el productor.
Consultado sobre las claves productivas, Gerala contó que lo primero que se necesita es lograr una buena cobertura antes de la siembra, natural o con algún cultivo de servicio. Además, están empezando a probar algo de fertilización, uso de biológicos y enraizantes.
El sistema de trilla es de corte-hilerado y posterior recolección con doble master en el momento óptimo “lo que te garantiza mayor calidad en el producto, minimizando la merma en cosecha y que el producto esté libre de trazas, por ejemplo, libre de glifosato”.
En cuanto a la comercialización, Gerala advirtió que “no es sencilla”, ya que “las legumbres no tienen un precio de referencia como la pizarra en soja y maíz”.
“Son precios de mercado gobernados por la oferta y la demanda, y con intermediarios (que son los exportadores). Es un peor momento para la comercialización que otros años, en los que los precios estaban algo más sostenidos”, sentenció.
“Por otra parte, las legumbres que producimos tienen otros orígenes y países productores de referencia, por ende, de acuerdo a cómo les va a ellos marcará si el precio va ser bueno o malo”, repasó Gerala.
Al respecto, ejemplificó: “El poroto negro en Brasil que todo el año 2025 hasta la actualidad el precio es muy bajo, o el poroto blanco con Egipto, esta última campaña fueron precios bastante malos en los porotos y garbanzos”.
En un par de semanas comenzará una nueva campaña en el norte y se verá como marcha, al menos lo que suceda en el campo. Luego habrá que ver qué pasa con los precios a cosecha.
CASO 2: GARBANZO CON ACENTO CORDOBÉS
Tecnocampo es una empresa que surgió a comienzos de los 90, con la impronta de dos hermanos: Fernando y Javier Amuchástegui. La idea siempre fue lograr la mayor producción posible, con la mejor calidad, apostando a la sustentabilidad y, claro, la familia.
Hoy ya sus hijos e hijas están llevando adelante la empresa. Mercedes, una de las hijas de Fernando, ocupa el cargo de Gerente de Exportaciones de la firma.
“Producimos desde Salta a Buenos Aires, aunque nuestro fuerte es en la provincia de Córdoba, lo hacemos en su mayoría sobre superficie arrendada y con un modelo productivo fácilmente escalable, por lo que tenemos flexibilidad en las superficies, así, en los años con otoños llovedores incrementamos mucho la producción, sembrando entre 5.000 y 10.000 hectáreas de garbanzo”, contó.
Llevan casi 20 años produciendo legumbres y 10 exportándolas. Yendo a lo productivo, Mercedes contó que “son las estrellas de la fijación de nitrógeno, dejándolo disponible para el siguiente cultivo”.
En Córdoba el garbanzo entra como un antecesor perfecto del maíz, que es por naturaleza gran demandante de nitrógeno.
“Pero no solo eso, sino que por el tipo de raíz, mejora ampliamente la estructura de suelo, favoreciendo la descompactación y la recuperación de agua y minerales que se ubican donde las raíces de otros cultivos no llegarían, además, al ser un cultivo invernal ayuda al control de malezas y en la rotación rompe ciclos de enfermedades y plagas”, explicó Amuchástegui.
En lo que respecta a la última campaña, evaluó que fue “super dispersa”. “Vimos en secano lotes con 28 quintales por hectárea (como en las buenas épocas) y otros con 12 qq/ha afectados por helada o donde el agua llegó tarde”.
En lotes bajo riego, los rendimientos suelen ser lógicamente más estables, y mantuvieron una media por arriba de los 25 qq/ha. “Pero, por suerte, cosechamos, en general, muy buena calidad a diferencia de la campaña pasada”, contó Amuchástegui.
Respecto de las claves productivas para ese garbanzo, la productora contó que “al ser un cultivo de invierno, la clave está en el perfil de agua de suelo, ya que la planta después tendrá que llegar a primavera prácticamente sin lluvias”.
La fecha de siembra también es fundamental, tanto por las heladas (para lo que usan barre rastrojo al momento de la implantación), como para evitar lluvias en cosecha. “El monitoreo constante para detectar enfermedades a tiempo siempre hace la diferencia y otra clave está en la sanidad de la semilla implantada, que previene desastres durante el cultivo”, señaló Amuchástegui.
En cuanto a la comercialización, Amuchástegui advirtió que “es un tema más complejo que en los commodities y que es muy importante que se entienda antes de meterse en el mundo de las legumbres”.
“La calidad hace la diferencia y no es un capricho de los exportadores o los clientes, sino que limita el uso que se le puede dar al producto”, agregó.
Gran parte del garbanzo producido por Tecnocampo termina en bolsitas de un kilo o en un frasco en una góndola de supermercado o en un mercado en medio oriente.
“Se compra con los ojos, por eso, los productos que, por daño climático, partido o revolcado, no puedan acceder a estos mercados, tienen un descuento importante en el precio y un uso menos estable, y al ser alimentos, la inocuidad no es negociable, por lo que hay que tener un cuidado extra en el campo”, reflejó.
La mala noticia de los precios por estos tiempos es que el garbanzo está hoy en sus mínimos históricos.
“El mercado está golpeado porque otros orígenes como Canadá tuvieron cosechas récord y tiene hoy unas 250.000 toneladas extras a lo habitual, para tener una dimensión de lo que esto significa, Argentina suele exportar 120.000 y 150.000 toneladas”, lamentó Amuchástegui.
“Con tanto stock disponible la demanda está muy tranquila y obviamente los precios bajaron mucho desde la campaña pasada, pero la realidad es que, a estos precios, el rinde de indiferencia es muy alto por lo que se sembrará menos y comenzará nuevamente el ciclo de precios”, vaticinó.
CASO 3: ARVEJAS EN EL SUR BONAERENSE
Cuarta generación de productores en la zona de Bahía Blanca, Coronel Dorrego y Pringles, Victoria Irastorza contó la experiencia de la empresa familiar con legumbres, con las que arrancaron hace ya 17 años, primero con arveja verde, después amarilla y luego algo de garbanzo.
“La empezamos a hacer para incorporar nitrógeno a la rotación de los cultivos que hacemos, pero como no es un cultivo normal para la zona no había mucha información, por lo que fuimos haciendo camino al andar, prueba y error, generando información, probando y adaptando la información que tenían en la zona núcleo legumbrera”, explicó Irastorza.
Hoy, la superficie con legumbres es un 4-6% del total de la empresa. “La arveja amarilla la producimos para consumo animal, como proteína para los cerdos”, contó. Han ido cambiando, por ejemplo, empezaron sembrando cultivares estivales y pasaron a invernales logrando interesantes mejoras.
“Estamos en una zona en donde el promedio de rinde la arveja es de 1.800 y 2.200 kilos, pero hemos tenido años muy malos por este aprendizaje que llevamos haciendo”, contó la productora.
Hay que saber que precipitan, promedio, 500-600 milímetros, con muy poco desarrollo de suelo, unos 60 centímetros promedio a la tosca. Muy limitada. “Históricamente una zona de trigo y cebada, pero los últimos años se empezó a hacer girasol y maíz, además de las legumbres. También hacemos vicia con la finalidad de aporta nitrógeno también”, explicó Irastorza.
“Sin embargo, seguimos apostando porque todos los cultivos que vienen después de la arveja son fantásticos con la incorporación de nitrógeno que lográs a partir de la arveja”, dijo Irastorza y explicó la importancia del tema: “Estamos en una zona en la que llueve poco y la fertilización es un riesgo porque se hace difícil recuperar lo que invertís, entonces, tenerlo en el capital suelo, es más que importante y esa es una de las principales razones por las que seguimos apostando a un cultivo difícil y desafiante”.
“Lo más complicado que tenemos hoy en día es la comercialización, porque la mayoría es con flete puesto en Rosario, y nosotros estamos a 800 kilómetros, lo cual termina siendo una condicionante fuerte”, lamentó Irastorza.
Al igual que el resto, la productora reconoció la preocupación por el estado actual de precios: “Este año lo más complicado es que el mercado está muy desinflado, todavía no hemos vendido nada, pero como todo es cíclico esperamos que se reactive todo en breve”.
LOS DESAFÍOS DE LAS LEGUMBRES
Consultados sobre lo que viene, los desafíos para la producción de legumbres, cada productor contó lo que imagina y proyecta.
“El mayor desafío es probablemente darle estabilidad a la producción”, expresó Amuchástegui. Y se explayó: “Podemos trabajar en cuestiones como ampliar la zona con riego o mayores herramientas para sanidad para ajustar en este tema”.
Otro gran desafío es la calidad, “ya que la cosecha del garbanzo coincide con la época de lluvias y pone en riesgo la calidad del grano”. “Podemos pensar en variedades con ciclos más cortos o diversificar zonas”, dijo la productora.
“Finalmente, en garbanzo, el tamaño hace la diferencia en el precio, por lo que explorar opciones de mayores calibres es un desafío que tenemos que abordar como sector”, indicó y reconoció que los legumbreros están organizándose “por lo que soy muy optimista con el futuro de las legumbres en Argentina, creo que podemos consolidar al país como un actor importante en el mundo”.
“El desafío de todos los productores agropecuarios de todos los años es el climático”, expuso, por su parte, Gerala. Y agregó: “En la zona nuestra los últimos dos años fueron malos ya sea por sequía y altas temperaturas como por excesos de lluvias al momento de la siembra”.
Sin embargo, también apuntó a cuestiones del negocio en sí: “Por otro lado, tenes los aumentos de costos de producción y si a esto le sumamos los bajos precios de mercado… qué decirte, un combo tremendo. Por último, el acceso a financiamiento para comprar maquinarias, herramientas, insumos estaba bastante complicado con tasas muy altas”.
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