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Un dron para El Niño: Aseguran que las lluvias pueden darle otro empujón a esta tecnología, aunque advierten que “volar no es lo mismo que saber aplicar”

Fuente: Bichos de Campo 05/11/2026 12:54:15 hs

El Niño parece abrirle las puertas a los drones. Y no hablamos de un juguete ni de las infancias, sino de cómo el fenómeno climático, que se intensifica de cara al último tramo del año, genera condiciones donde difícilmente se pueda aprovechar todo el potencial en el lote sin la ayuda por aire. Las proyecciones

El Niño parece abrirle las puertas a los drones. Y no hablamos de un juguete ni de las infancias, sino de cómo el fenómeno climático, que se intensifica de cara al último tramo del año, genera condiciones donde difícilmente se pueda aprovechar todo el potencial en el lote sin la ayuda por aire.

Las proyecciones coinciden en que el centro-norte del país, donde se concentra el grueso de la producción agrícola, será durante los próximos meses el epicentro de las abundantes lluvias. Esa disponibilidad de agua ha mejorado las estimaciones de los analistas, por su evidente impacto en el rendimiento de los cultivos, pero plantea a todas luces importantes ciertos interrogantes: el trabajo con la maquinaria, y las ventanas temporales para hacerlo, es uno de ellos.

Son condiciones que parecen propicias para el uso de drones agrícolas, tanto para aplicar como sembrar al “voleo” en aquellas zonas donde el ingreso por tierra se dificulte. Desde el sector proyectan un posible crecimiento en la adopción de esta tecnología, de por sí muy popular en el sector, y advierten por las implicancias que trae aparejadas.

La cantidad de hectáreas aplicadas con drones pasó de 50.000 a más de 2 millones en 2 años. Y, desde el 2023 a la fecha, estiman que las aeronaves operando se multiplicaron por 30: de unos 100 equipos a alrededor de 3000.

Nada contradice que esta tecnología esté en franca expansión y que además muestre robustez ante escenarios como el actual, en una campaña que proyecta dificultades de “piso” en el lote y donde la alternativa a la maquinaria terrestre será fundamental para no resignar la protección de los cultivos.

Pero, advierten desde el sector, incorporar esta herramienta es mucho más que comprar el dron y ponerlo a volar sobre el lote. “Eso es relativamente sencillo porque es un robot autónomo. Uno le indica cuál es el lote, genera el plan de vuelo, arranca y vuelve solo. Lo importante es capacitarse en los parámetros de aplicación y entender cómo utilizarlo correctamente”, explicó el ingeniero agrónomo Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro.

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La agronomía es tecnología, pero también tiempo. Y de cara a una campaña gruesa donde el calendario muestra pocas ventanas libres de lluvias, la cuestión será cómo trabajar con las herramientas convencionales. Sin piso, una pulverizadora terrestre probablemente no pueda ingresar a tiempo al lote ni operar sin riesgo de formar huellas o compactar el terreno.

Ahí es cuando los drones muestran sus cartas, no para reemplazarlas, sino para servir de complemento en el momento necesario, porque ni las malezas ni los barbechos ni los propios cultivos pueden aguardar a que estén dadas todas las condiciones.

“Si no puedo entrar y no aplico, las malezas siguen creciendo. Una maleza adulta es mucho más resistente y tolerante que una joven. Por eso, entrar y aplicar en el momento justo representa también un ahorro, ya que impacta directamente en la eficacia del control y en la eficiencia de la aplicación”, sostuvo Fernández Koller.

Lo propio ocurre con los insumos preemergentes, que pueden terminar demorando la siembra y los posemergentes. “Al tener una ventana de aplicación acotada, si una enfermedad o una plaga avanza mientras no podemos entrar, el control pierde eficacia y el daño puede llegar a comprometer la formación y el llenado de los granos, y por ende, el rendimiento final del cultivo”, agregó el especialista.

No obstante, desde Bidcom Agro, representante oficial de la firma DJI Agras en el país, advierten que “poder entrar al lote no garantiza por sí solo una buena aplicación”, y se detienen en dos aspectos básicos: la preparación de la mezcla y la calidad de aplicación.

Por caso, el dron opera con mezclas diferentes a las terrestres, más concentradas y de menor cantidad de litros, que incluso se aplican a distancias diferentes: en vez de hacerlo a un metro del suelo, lo hace a tres o cuatro.

A eso se refieren los especialistas cuando insisten que volar un dron no es lo mismo que saber aplicar desde el aire, porque entran en juego aspectos agronómicos, pero también físicos y ambientales. “La calidad de aplicación con un dron es más desafiante”, señaló Fernández Koller, que pone el foco en ajustar cada tratamiento y capacitar al operador en una serie de tareas que no alcanzan sólo al equipo.

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“Para trabajar eficientemente hay que prever abastecimiento de agua, preparación y agitación del caldo, carga de baterías y logística. El dron debe pensarse como parte de un sistema de aplicación”, agregan desde la firma, que propone su propio ciclo de formación, conocido como “DJI Academy”.

En un sector donde creció fuertemente la adopción de equipos, a una tasa exponencial, también empezó a adquirir fuerza el ingreso del sector de los servicios. Hoy, estiman, las ventas de drones se reparten en proporciones similares entre productores y contratistas, para escalas y usos diferentes.

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