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Elena Berchtold aprendió a criar los terneros recién nacidos en el tambo y le pone tanto amor a esa tarea que con su hermana crearon una caravana sanitaria para que no sufran

Fuente: Bichos de Campo 05/11/2026 14:38:40 hs

Elena Berchtold sabe muy bien que un pequeño ternero puede avisar que algo anda mal sin emitir un sonido. Una oreja caída, la mirada distinta o quedarse echado mientras los demás corren son señales que aprendió a reconocer durante diez años de trabajo en un tambo cordobés. Elena aprendió todo sobre el manejo de la

Elena Berchtold sabe muy bien que un pequeño ternero puede avisar que algo anda mal sin emitir un sonido. Una oreja caída, la mirada distinta o quedarse echado mientras los demás corren son señales que aprendió a reconocer durante diez años de trabajo en un tambo cordobés.

Elena aprendió todo sobre el manejo de la guachera de la mano de su hermana Estefanía. “Todo lo que yo sé, lo sé gracias a mi hermana”, reconoce. Después, las dos juntas terminaron pensando una posible solución para un problema que veían en el trabajo cotidiano: las heridas que pueden complicarse después de colocar una caravana de identificación a cada animalito recién nacido.

Para llegar a esa idea primero hubo mucho trabajo en la guachera. Elena tiene 37 años, vivió una década en San Francisco y ahora lleva unos pocos meses mudada a Rafaela. Su recorrido laboral está atravesado por la lechería y, especialmente, por la crianza de los animales que un día pueden convertirse en las vacas del tambo. Bichos de Campo la conoció en Mar del Plata, durante el último encuentro de Mujeres de la Ruralidad.

Mirá la entrevista.

La palabra guachera, se sorprende Elenao, todavía necesita cierta explicación. Incluso entre otras mujeres rurales encontró quienes no conocían su significado. En el tambo designa el espacio donde se crían los terneros pequeños, que quedan al cuidado de las personas. Es una suerte de jardín maternal.

En su caso, el vínculo con los recién nacidos empezaba incluso antes del nacimiento. En el tambo cordobés, junto a Estefanía, atendían el preparto, los partos y la crianza inicial. Después llegaba el momento de pasar los animales a los corrales y dejaban esa etapa en manos de otras personas. Las hembras, explica, suelen continuar su desarrollo para incorporarse a la producción lechera; los machos suelen destinarse al engorde para la producción de  carne.

Un club al que los veterinarios deberían ingresar propone trabajar para bajar la mortandad de terneros en la guachera, que supera el 10%

“De ahí sale tu futura vaca productora”, señala Elena. Por eso, lo que suceda en esos primeros días tiene un valor superlativo para los tambos de todo el país. También para la empresa Don Carlos Agropecuaria, donde Elena encontró las herramientas para formarse como “profesional de campo”. La expresión aparece ligada a un oficio aprendido trabajando, observando y haciéndose responsable de seres vivos muy frágiles.

Elena cree en la pasión, y dice que difícilmente un sueldo por sí solo alcance para sostener esa tarea. Describe un trabajo sacrificado, que exige estar un día de lluvia, con sol o con una helada. “Si no te nace cuidar un ternerito, tu trabajo no te va a rendir nunca”, plantea.

Su manera de contar la actividad vuelve una y otra vez sobre esa atención. Desde que nace, el ternero queda bajo una responsabilidad que no se agota en su función económica. Hay que aprender a interpretarlo porque el pequeño animal no puede explicar qué le pasa.

Una cara triste, los ojos diferentes, una oreja que pierde su posición habitual. Elena enumera esos detalles como quien reconoce las señales de alguien que pide ayuda. Si las cuidadoras se descuidan, pueden empezar las consecuencias.

En diez años vio cambiar mucho las herramientas que se utilizan para ee cuidado en los tambos. Cuando comenzó, trasladaba un recipiente de 50 litros en un carrito. Más adelante incorporaron equipos para preparar y manejar la leche destinada a los terneros. Y cuando se fue del establecimiento, estaban terminando de instalar dos sistemas de alimentación automática. Una especie de mamadera automatizada, explica.

El tambo santafesino La Cabañita montó una moderna guachera donde hay robots que van suministrando la leche justa a los terneros

Son los nuevos equipos que permiten dosificar la leche por etapas y van generando información sobre cuánto se nutre cada ternero. Para quienes trabajan en estas guacheras tan modernas, representan menos esfuerzo físico y tiempo disponible para otras tareas, porque simplifican mucho la higiene y al manejo de los terneritos.

Pero el entusiasmo por la tecnología no le hace perder de vista aquello que aprendió junto a su hermana. “El ojo humano ve cosas que un dispositivo no te va a ver”, afirma Berchtold, que vuelve a mencionar algunas señales que los robot no diagnostican, como una diarrea o la falta de ganas de jugar. Los datos ayudan, pero desde su experiencia, el trabajo también requiere presencia.

De tanta observación y tanta pasión surgió el proyecto que ahora comparte con Estefanía. Las dos hermanas pensaron un sistema de caravanas sanitarias para actuar sobre la herida que se produce al colocar la identificación en la oreja.

“No creamos la caravana”, aclara Elena como sí fuera necesario. Su propuesta consiste en modificar un elemento preexistente para incorporar una función sanitaria. Es que ellas han visto muchas infecciones, dolor, presencia de larvas de mosca y lesiones que pueden terminar mal. El problema de estas heridas se vuelve más frecuente con el calor. La preocupación pasa por el malestar del animal y las dificultades que puede sumar en una etapa delicada de la crianza.

¿Y qué pensaron las hermanas? La idea fue incorporar una microcápsula que libere sustancias de acción antiparasitaria y cicatrizante en el momento de la colocación. También proyectan un anillo en la zona del botón para prolongar la acción durante los primeros días.

Se trata, nos explicó la mujer, de una propuesta en desarrollo. Por ahora presentaron el sistema ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial como “modelo de utilidad” y eligieron la marca. Y venían realizando una encuesta entre personas del sector para conocer si podrían incorporar una herramienta de ese estilo. Para avanzar hora las hermanas buscan una empresa o un laboratorio que las acompañe. Elena reconoce que necesitan conocimientos técnicos que ellas no tienen, especialmente para trabajar con las sustancias que pretenden incorporar a la caravana sanitaria.

“Es un problema real y podemos llegar a tener una solución real ahí”, se ilusiona.

Fotos: TodoLechería
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